Sunday, January 31, 2016

Cuaresma y Pascua: Temporadas de Misericordia


"Dios nos aguarda, espera que le concedamos tan sólo esa mínima grieta para poder actuar en nosotros, con su perdón, con su gracia. Sólo quien ha sido tocado, acariciado por la ternura de la misericordia, conoce realmente al Señor. Por eso he repetido a menudo que el sitio en el que tiene lugar el encuentro con la misericordia de Jesús es mi pecado. Cuando se experimenta el abrazo de misericordia, cuando nos dejamos abrazar, cuando nos conmovemos: entonces la vida puede cambiar, pues tratamos de responder a este don inmenso e imprevisto, que a los ojos humanos puede parecer incluso «injusto» en tanto que superabundante. Estamos frente a un Dios que conoce nuestros pecados, nuestras traiciones, nuestras negaciones, nuestra miseria. Y, sin embargo, está allí esperándonos para entregarse totalmente a nosotros, para levantarnos."

El Papa Francisco, "El nombre de Dios es misericordia", cap. 3.



Anticipando la gracia que el Señor Jesús siempre nos ofrece durante las semanas de la Cuaresma, y confiando en la nueva vida que el Señor libremente derrama durante las semanas de la Pascua, invito a todos los católicos a vivir este gran ciclo de amor divino con especial devoción este año. Estamos viviendo el año santo de la misericordia. El Señor Dios desea una Iglesia renovada en la experiencia de la misericordia recibida y compartida. El  Santo Padre ha dado voz a este gran anhelo del Señor, invitándonos a provocar en el mundo de hoy una gran revolución de ternura.



Esta revolución se hace realidad en cada alma si primero nos acercamos al Señor para pedir su gracia y perdón. En las palabras citadas al principio de esta carta, el Papa Francisco dice que sólo el que ha sido tocado por la ternura del Señor realmente conoce al Señor. El sentido es algo práctico. Las temporadas de Cuaresma y de la Pascua nos invitan a examinar nuestras conciencias y nuestra realidad bajo la luz de su misericordia. El Señor vivió su Pasión, murió y resucitó al tercer día para librarnos del pecado. Vayamos, pues, a buscar un encuentro con Él en el sacramento de la confesión. El sacerdote está consagrado para ser el instrumento de este encuentro. Les he pedido a todos los sacerdotes facilitar este encuentro, ofreciendo más ocasiones durante la semana para que los fieles puedan llegar a confesarse, y vivir la experiencia liberadora del perdón y la misericordia.

 


También invito a todas las parroquias a enfocar la atención en practicar la misericordia por medio de obras concretas. El Señor que nos da su ternura desea que nos dediquemos más conscientemente a ser instrumentos de misericordia con nuestros vecinos necesitados. Quisiera ver a cada parroquia adoptar una obra de misericordia espiritual y una obra de misericordia corporal, como obras señaladas y destacadas de la comunidad. Rezar por los vivos y los muertos, consolar a los tristes, aconsejar a los perplejos, estas son obras que el Señor desea inspirar dentro de nosotros. Dar comida al que tiene hambre, cobija al que tiene frío, visitar al encarcelado, estas son obras que comunican la presencia de Cristo resucitado en el mundo actual.



Además, quisiera animar a todos los fieles a buscar ocasiones para invitar a sus vecinos que se han alejado de la Iglesia a buscar el rostro misericordioso de Jesús durante estos días de misericordia. Muchos me dicen que no van a Misa porque por una u otra razón no pueden comulgar. Pero eso no debe impedir un encuentro real con el Señor. Nos dice San Marcos en su Evangelio que la gente se apresuraba a buscar dónde se quedaba el Señor, sólo para estar cerca de Él  (vea San Marcos 1,32-45). Podemos estar seguros de que si uno hace el esfuerzo para estar cerca del Señor, para verlo ser elevado en la hostia durante la Santa Misa, el Señor no dejará de bendecir con su ternura a aquella persona. Recordemos lo que dice el Santo Padre: El Señor "espera que le concedamos tan sólo esa mínima grieta para poder actuar en nosotros con su perdón, con su gracia". En el misterio de la misericordia, a veces el alma temblorosa hincada en la última banca, por su humildad y dolor de corazón, sale del templo más cercano al Señor que el que siempre está sentado en la primera banca (vea San Lucas 18,13s). No juzguemos a los que no comulgan; démosles la bienvenida e imitemos su humildad en la búsqueda del Señor de la Misericordia.

+df


No comments:

Post a Comment