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| Bob Denison |
Existe
una lista admirable de obras artísticas modernas de cine, poesía, música y
pintura que continúan animando el espíritu humano. El arte llega a los sentidos
humanos precisamente para movernos con su belleza a contemplar realidades
humanas más allá de los sentidos.
Sin
embargo, el arte, en ocasiones sin
querer, expresa algo de la condición espiritual de una época. La dinámica
cultural de hoy en día nos presenta con frecuencia arte, cine, poesía,
música, y pintura donde se anuncia el triunfo de la fealdad. No
quiero que malinterpreten lo que estoy diciendo; no digo que todo arte moderno que propone
expresar la vida humana con realismo carece de belleza. Al contrario, el arte
tiene responsabilidad de dar expresión a la verdad, y es verdad que existe mucha maldad y
sufrimiento en el mundo. Lo feo sí existe. Pero lo que sí tenemos que enfrentar
es la falta de esperanza señalada de alguna manera, aunque sea de manera sutil,
en el ambiente artístico.
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| Yongsung Kim |
¿De
dónde viene esta tendencia artística de morar en ámbitos donde lo triste
domina? Pues, el hombre de hoy, en lo más íntimo de su alma, teme que a la luz
de la verdad científica, tan moderna y sofisticada, al fin de cuentas, lo que
aparece en realidad es un mundo sucio, ensangrentado, miserable y
extremadamente egoísta. El ser humano ve un mundo feo, y titubea: a lo mejor lo
feo triunfa sobre nuestros sueños bellos y nobles. Esta incertidumbre es una
tiniebla, quizás la más oscura posible. Abandonar esperanzas en el triunfo de
lo bello sobre lo feo es otra manera de describir lo que significa la palabra
“desesperación”.
La
tiniebla que sigue amenazando al ser humano es el miedo de siempre; es el vivir
con la creencia que entre la verdad y la mentira, gana la mentira; entre la
maldad y lo bueno, triunfa la maldad; entre la belleza y la fealdad, al final
sólo quedará lo feo. Este miedo busca como dominar el hombre de hoy. Esta
sombra busca quitarle al ser humano su fuerza del alma. El terror de la nada
como ente agresivo busca aniquilar la esperanza de todo el mundo.
Esta
tristeza cultural tiene otra manifestación grave. El hombre sin esperanza busca
cubrir el hueco o escapar de la realidad. La fascinación contemporánea con
imágenes que son puramente atrayentes a
nivel físico se revela hoy como intento vano de buscar una diversión, una
experiencia capaz de silenciar u olvidar el miedo que vive muy dentro del
hombre. El arte que tiene como propósito
cubrir el hueco interior sólo sirve para camuflar la falta de esperanza.
Y la pornografía igual que la droga sólo sirve para agravar la experiencia
infernal de la desesperación.
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| Dinah Roe Kendall |
La
belleza no se entiende sólo bajo un aspecto físico. Al contrario, en su
grandeza lo bello nos invita a mirar la verdad señalada por la imagen. Desde
esta perspectiva entendemos mejor la
importancia de anunciar y contemplar la imagen de Cristo Crucificado. Son pocos
los ejemplos de crueldad y fealdad que se podrían comparar con lo que es la
crucifixión. Lo feo existe, un cristiano ni quiere ni puede negarlo. Pero la
imagen del crucificado nos invita a percibir la realidad que vive por debajo de
ella, y que irradia una luminosidad aun perceptible en medio de la crueldad de
la Cruz. Cristo Crucificado nos invita a contemplar la verdad del amor. Y
porque Dios abrazó al ser humano precisamente cuando aceptó vivir y morir lo
más feo de nuestra condición, la Cruz de Cristo nos muestra el poder
transformador del amor. Lo feo se convierte en lo bello por causa del amor.
Cristo nos ofrece esta esperanza que realmente dispersa las tinieblas de
nuestros miedos.
El triunfo del Señor Jesús sobre la muerte nos ha liberado de las tinieblas. Este anuncio evangélico siempre ha sido parte clave de la predicación de la Iglesia. Vean, por ejemplo, lo que dice San Pablo en el primer capítulo de su carta a los Colosenses. Quizás las tinieblas que más amenazan a la vida humana hoy en día son las de perder la capacidad de creer en la existencia de lo verdadero, lo bueno, y loa bello.
El triunfo del Señor Jesús sobre la muerte nos ha liberado de las tinieblas. Este anuncio evangélico siempre ha sido parte clave de la predicación de la Iglesia. Vean, por ejemplo, lo que dice San Pablo en el primer capítulo de su carta a los Colosenses. Quizás las tinieblas que más amenazan a la vida humana hoy en día son las de perder la capacidad de creer en la existencia de lo verdadero, lo bueno, y loa bello.
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| Giovanni Previati |
El
evangelio sigue ofreciendo liberación de las tinieblas. Dios bajó del cielo y
aceptó la Cruz para liberarnos de esta oscuridad de tristeza y depresión
espiritual que oprime el corazón humano. Él sigue invitándonos a contemplar el amor que es
capaz de superar la mentira, la maldad y lo feo de la vida humana. Es una
gracia contemplar este triunfo aún bajo la señal de la Cruz. Los ojos que se
fijan en la Cruz de Cristo jamás les faltará luz y jamás perderán la esperanza evangélica que
nos libera de las tinieblas.
+df





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