Hoy quisiera destacar
algunos puntos del segundo capítulo de la carta del Papa Francisco. El capítulo
entra con realismo y humildad a los desafíos más fuertes que afrontan las
familias de hoy. De hecho, el segundo capítulo no se puede entender sin antes advertir
a la previa, donde se expone la primacía de la enseñanza bíblica y el ejemplo
de Jesús. Al mismo tiempo, el segundo capítulo nos prepara para lo que sigue
cuando en el tercero, el Papa nos invita a dirigir nuestra mirada al rostro de
Jesús. Esta vuelta al Señor, después de identificar los desafíos actuales, es
necesaria e imprescindible para un cristiano, no sea que por falta de buscar y
de confiar en la gracia de Dios la desesperación nos cause tropezar.
Les recomiendo leer
cuidadosamente el análisis ofrecido en el segundo capítulo porque el
discernimiento de las corrientes culturales, económicas y tecnológicas forma
parte de la responsabilidad de todos nosotros como cristianos. La Palabra de Dios vivida y trasmitida en el
seno de la Iglesia nos guía en este discernimiento dándonos luz para distinguir
entre lo malo y lo bueno.
En general los desafíos
actuales identificados en el segundo capítulo abarcan un horizonte inmenso,
tocando la frontera de la historia que estamos viviendo; incluye los cambios
culturales, factores económicos, avances en las posibilidades técnicas de
manipular el cuerpo humano. "Nuestra
época," como dijo un poeta, "bajo
el rostro de una enorme bondad," nos dice, "serán como Dioses". [i]
La crisis de cultura que vivimos tiene mucho que ver con cómo entender el poder
que hemos logrado como seres humanos. A nosotros nos incumbe reconocer y tocar las
heridas que resultan debido al mal uso
de este poder y aplicar los remedios saludables bajo la luz del Evangelio.
El fenómeno del individualismo
parece ser una opción de estilo de vida que se abre por causa de las capacidades
poderosas del ser humano; en el ambiente cultural se expresa como una autosuficiencia
exagerada. La idea de que pueda uno mantenerse solo, sin depender de la ayuda
de otros, ha sido promovido como ideal contemporáneo. Implica el no sentirse
uno obligado a tomar en cuenta la circunstancia del prójimo. Se trata de un
valor sobrevalorado. De hecho la madurez humana implica que uno tiene dominio
sobre sí mismo y sobre sus propios actos (como enseñaba Santo Tomás) [ii].
Sin embargo, nuestra época propone como esquema para organizar la sociedad la
determinación de nuestras decisiones y actos sin referencia efectiva a la
comunidad alrededor. Por
eso el Papa nota (AL 33) lo siguiente:
“Un
individualismo exasperado que desvirtúa los vínculos familiares y acaba por
considerar a cada componente de la familia como una isla, haciendo que
prevalezca, en ciertos casos, la idea de un sujeto que se construye según sus
propios deseos asumidos con carácter absoluto». […] La libertad para elegir permite proyectar la propia
vida y cultivar lo mejor de uno mismo, pero si no tiene objetivos nobles y
disciplina personal, degenera en una incapacidad de donarse generosamente.”
Ser generoso, elemento esencial
para experimentar la grandeza de la vida humana, solo se vive en relación con
otras personas. El hecho de que todos llegamos a este mundo dependiendo de la
familia indica que el mundo no florece por causa de que somos autosuficientes;
al contrario, desde el inicio de nuestras vidas, los libres, en este caso los
papás, cuidan con generosidad a los que faltan capacidad
de dominar sus propios actos, en este caso a los niños. Entramos en este mundo
con la relación ya inscrita en nuestro ser. Los adultos están llamados a la
generosidad con los chiquillos, y los chiquillos dependen de los adultos. Y con
el curso del tiempo, llegando a la madurez noble de nuestra vida como hijos,
viendo que nuestros hermanos o nuestros papás necesitan nuestra ayuda,
encontramos la llamada esencial de responder con generosidad.
Podemos responder con generosidad
a las vidas a nuestro alrededor, o podemos tratar de construir una vida sin
referencia a los demás. La segunda opción, la de autosuficiencia exagerada
resulta en una vida aislada y solitaria. En caso extremo resulta lo que
describe el Papa como un narcisismo destructivo del individuo mismo: ”El
narcisismo vuelve a las personas incapaces de mirar más allá de sí mismas, de sus deseos y necesidades. Pero quien utiliza a los demás tarde o temprano termina siendo utilizado, manipulado y abandonado con la misma lógica"
(AL 39)
Me parece claro que las
opciones señaladas entre vida con poco sentido de relación responsable con los
demás y vida madura, vivida con
referencia a otros, establece el desafío principal de nuestro tiempo. Igual me parece que el individualismo
exagerado ha tenido un efecto corrosivo dentro de la familia. El Papa ha
criticado esta actitud dentro de la Iglesia y la ha denominado con la palabra
"auto-referencial". Fácilmente se entiende que aquel malestar
eclesial tiene raíces en la actitud "auto-referencial" que aflige
individuos, familias y hasta sociedades enteras.
Entonces, es entendible por qué
el Papa dice lo siguiente: "tenemos
que insistir en los derechos de la familia, y no sólo en los derechos
individuales. La familia es un bien del cual la sociedad no puede prescindir, pero
necesita ser protegida. La defensa de estos derechos es «una
llamada profética en favor de la institución familiar que debe ser respetada y
defendida contra toda agresión”. (AL 44)
La Iglesia, en la profundidad de
su corazón sabe bien que el Evangelio aclara lo que la experiencia humana
adumbra. La parábola del Buen Samaritano afirma la primacía de la relación
contra el mito moderno de la autosuficiencia. Él discernimiento de la Iglesia
sobre las condiciones actuales en este mundo tan económicamente y
tecnológicamente poderoso tiene todo que ver con la pregunta esencial ¿cómo
afecta esta economía, esta tecnología y esta sociedad a las personas y a la
naturaleza? Un individuo, una familia, una sociedad y el mundo entero no pueden
ejercer su dominio sin referencia al prójimo.
Ejercer un poder o explotar una
tecnología no se decide en lo abstracto, como si nuestras decisiones merecieran
ser aprobadas como buenas sin referencia a cómo afecta a los jóvenes, a los
pobres, a los ancianos, al medio ambiente, etc. El cálculo moral que no toma en
cuenta que la condición humana es condición esencialmente de relación, resulta
en la tiranía de los que tienen control del poder económico y tecnológico sobre
los que no lo tienen. "No caigamos
en el pecado de pretender sustituir al Creador. Somos creaturas, no somos
omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo
tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo
aceptarla y respetarla como ha sido creada." (AL 56)
Precisamente bajo esta
insistencia humana y cristiana de no olvidar nuestras responsabilidades unos a
otros, el Papa habla de las heridas más profundas de nuestros tiempos. La eutanasia y el suicidio asistido son graves amenazas
para las familias de todo el mundo (AL 48) porque ofenden la dignidad de la persona y porque institucionalizan
una cultura donde los poderosos determinan que pasará con la vida de un débil.
Al fin y al cabo, bajo estas leyes son los vivos los que determinan quien vive
y quien muere. Igual se podría decir de la tecnología capaz de manipular
embriones y descartar al no-nacido. En su carta, el Papa nos
propone nuestra respuesta a los migrantes y a los discapacitados como ejemplo paradigmático de
la generosidad relacional que requiere el mundo de hoy: "Quiero subrayar que la atención dedicada
tanto a los migrantes como a las personas con discapacidades es un signo del
Espíritu. Porque ambas situaciones son paradigmáticas: ponen especialmente en
juego cómo se vive hoy la lógica de la acogida misericordiosa y de la
integración de los más
frágiles". (AL 47)
Desde esta perspectiva
entendemos por qué el Papa nos llama a humanizar la misma economía mundial. Por
ser tan poderosa la máquina económica que mueve al mundo, al mismo tiempo
muestra señas de grave debilidad. Esto se ve en el alto nivel de desempleo que aflige
a los jóvenes, y en la manera que explota a los inmigrantes y no-nacidos. Todo
esto afecta gravemente el sencillo y precioso anhelo de muchos jóvenes: poder
establecer una familia.
«Aun a riesgo de simplificar, podríamos decir que
existe una cultura tal que empuja a muchos jóvenes a no poder formar una
familia porque están privados de oportunidades de futuro. Sin embargo, esa
misma cultura concede a muchos otros, por el contrario, tantas oportunidades,
que también ellos se ven algunos países, muchos jóvenes «a
menudo son llevados a posponer la boda por problemas de tipo económico, laboral o de estudio. A veces, por otras razones, como la influencia de las ideologías que
desvalorizan el matrimonio y la familia, la experiencia del fracaso de otras
parejas a la cual ellos no quieren exponerse, el miedo hacia algo que
consideran demasiado grande y sagrado, las oportunidades sociales y las
ventajas económicas derivadas de la convivencia, una concepción puramente
emocional y romántica del amor, el miedo de perder su libertad e
independencia, el rechazo de todo lo que es concebido como institucional y
burocrático». (AL
40)
Paradójicamente, en un
mundo tan avanzado y que propone el ideal de autosuficiencia, nuestros jóvenes
sienten inseguridad y miedo, como si les faltara esperanzas de poder forjar un
camino alegre y en familia. Como dijo una vez otro poeta: “Ese, para mí, es el pensamiento más revolucionario
posible: no que todos tengan el poder sobre el mundo, como se pretendía antes,
pero sí que cada quien tenga un mínimo poder sobre sí mismo”. [iii] El
Papa siempre mira hacia el futuro, y trata de animar a nuestros jóvenes a
superar los miedos con un heroísmo inspirado por la gracia de Dios:
Necesitamos
encontrar las palabras, las motivaciones y los testimonios que nos ayuden a
tocar las fibras más
íntimas de los
jóvenes, allí donde
son más capaces de generosidad, de compromiso, de amor e
incluso de heroísmo, para invitarles a aceptar con entusiasmo y valentía el
desafío del matrimonio. (AL 40)
+df
[i] Javier Sicilia, “El diario de Esteban
Martorus”
[iii] William Ospina, “El dibujo secreto
de America Latina”



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