Recientemente, tomé rumbo hacia Baltimore, en Maryland, con propósito de participar en la reunión de la conferencia nacional de los obispos de los Estados Unidos: un viento friolento y desagradable corría alrededor del hotel, y no faltaban reuniones de comités dentro del hotel para hacer correr a los obispos. Me la pasé bien, pero para ser franco, prefiero la casa.
Les voy a contar algo que no tiene nada que ver con nada.
Curioso, pero uno a veces hace cosas por naturalidad sin advertir
conscientemente sobre la sombra de una razón que pueda iluminar la costumbre.
Por casualidad uno puede llegar a un momento provocativo, y se pregunta sobre
la costumbre: ¿y por qué hago eso?
En estas reuniones grandes, por ejemplo, siempre traigo
un libro para leer: Una novela, o biografía, o historia. No lo traigo sólo en
el sentido de cargarlo en la mochila,
sino también en sentido más literal. Cargo el libro en la mano,
moviéndome de una reunión a otra, de un comité a otro, todo el día. No quiero
darles la impresión que me dedico a leer novelas durante las reuniones; al
contrario, llenas de discusiones y conversaciones, las actividades del día aseguran
que el libro llegará a mi habitación en la noche con el marcador de páginas
ocupando el mismo espacio que había señalado por la mañana. Y me pregunto:
¿porqué haces eso, cargando un libro que bien sabes no vas a poder leer durante
el día?
Este año el libro sirviéndome de compañero se intitulaba
"El ruido de las cosas al caer" por el autor Colombiano Juan Gabriel
Vásquez. Poderoso este autor en su capacidad de involucrar el lector en un camino nuevo dentro de un mundo ajeno, convirtiéndolo al final a un mundo
familiar. Crea cuentos humanos, o mejor dicho, capaces de humanizarnos,
invitándonos a profundizar la vida actual por medio de una reflexión sobre el
camino ya caminado. Memoria y consciencia se abren cuando uno escribe sobre lo
que ha vivido. Los rasgos de fragilidad, poder y dignidad humana se
desenvuelven por este camino.
El libro propone precisamente eso. Un joven adulto
llamado Antonio expone su experiencia como adolescente en Bogotá, Colombia,
durante los años más intensos de la violencia narcotraficante. La memoria le
surge porque, años después, llega a conocer un hombre malherido por lo que
vivió durante esa época. De hecho el conocido (nunca llegó a ser amigo de
Antonio) paga con su vida por los efectos siempre presentes de sus decisiones
durante esos años. Antonio se obsesiona sobre la historia del conocido
asesinado, y por buscar las huellas de su vida pasada, reencuentra las huellas
de su propia vida. El pasado de Antonio sigue marcando su presente, no cabe
duda, y se da cuenta de que las decisiones que toma hoy marcarán profundamente
su futuro y la de su familia.
¿Y porqué cargo una novela en la mano durante las
reuniones que llenan mi calendario? Porque el libro y yo estamos viviendo algo
en común, y algo íntimo. El libro comparte su voz conmigo mientras esté en
proceso de atender a esa voz. Ver el libro, tener el libro a mi lado, me
recuerda que es una voz viva, y me habla aún si en ese momento no sigo la
narración. Es como atender a una memoria. Es una voz detrás y sobre las voces
que oigo en las reuniones. La voz del libro me acompaña en el esfuerzo de
escuchar y participar en lo que oigo durante el día. El libro y yo compartimos
un diálogo personal mientras estemos viviendo el diálogo público del momento
actual. Es como tener a mi lado un amigo, un confidente que trata de ver lo que
veo y oír lo que oigo así como yo lo veo y oigo. Al mismo tiempo trato de
relacionar lo que veo y oigo con la voz del libro, preguntándome sobre cómo
este cuento -- esta memoria, este amigo-- lo viera y oyera.
Qué curioso todo esto. Quizás sea saludable para la
mente, quizás no. Pero al contemplar la costumbre, y las relaciones que abarca
la sombra de su razón, me conozco a mi mismo un poco mejor. No por nada decía San Agustín que el
auto-conocimiento nos conduce a Dios, autor de la luz que nos ilumina el
camino.
Muchas gracias por compartir estos pensamientos que nos permiten entender un poquito su caminar como +obispo. Su servidora, S.
ReplyDeletePS Le recordamos en este dia celebrando a Nuestra Madre la Virgencita de Guadalupe - desde el frio de Kalamazoo, Michigan...