| Micaela Nuñez recibió un reconocimiento durante la Santa Misa por sus años de entrega a la capilla de Santo Tomás. Fue un honor para mí presentarlo en nombre de la comunidad. |
Mc 6,1-6: La gente no esperaba gran cosa de Jesús. Ya habían oído de él. Y antes lo habían visto en compañía de sus familiares y compañeros. Despreciaban a él tanto como despreciaban la posibilidad de alguna manifestación de un Dios que se preocupaba sobre ellos.
No hizo muchos milagros el Señor en esa aldea. No porque le faltaba el poder, sino porque la gente no abrió su corazón a su visita. La esperanza abre el corazón a recibir lo que anhela. Si uno no espera gran cosa de Jesús, el corazón queda cerrado al toque de su gracia.
Los de ese pueblo no tomaron el momento para contemplar a Jesús. "¿Para qué?", decían, "Si al cabo ya lo conocemos". Pero no lo habían conocido. Al contrario, sus presunciones les impedían el conocer.
Faltó fe en ese pueblo. La fe ve a Jesús, hijo de Maria, y capta que él tiene una identidad más allá de su carné y hueso. Así como Tomás el apóstol: Vio a Jesús, y confesó que era su Señor y su Dios. El si tenía sus ojos abiertos, y captó el "algo más" de Jesús.
El mundo de hoy está en las mismas condiciones. Muchos creen que conocen a Jesus, y por eso no alcanzan conocerlo. Así como decían antes: "¿no es él el hijo del carpintero?", dice el hombre de hoy: "¿No es él el que siguen los Católicos? Ya he oído de él, y yo no espero gran cosa".
Nuestra época es la que se cree tener conocimiento de Jesús y por eso lo desprecian. El poco conocer impide el conocimiento de la fe, y cierra el corazón a la esperanza, porque cierra los ojos a la invitación de ver algo más, y conocerlo mejor.
Los que alcanzan la fe reconocen a Jesus como Señor y Dios precisamente porque mantienen abiertos los ojos en su presencia.
Qué locuras nos dice el mundo. Nos dice que la fe es creer algo sin razón y aceptar una verdad con ojos cerrados. La verdad es lo contrario. La fe conoce y sigue a Jesús con ojos abiertos. No permite las pobres esperanzas y el falso conocimiento impedir el ver y conocer más profundo.
El Católico de hoy tiene que salir y decirle al vecino: "ese Jesús que piensas haber conocido,... Pues ese mismo, es el Señor, el Dios que acompaña a su pueblo. No dejes que tu conocimiento de lejos te engañe: vente conmigo, con ojos abiertos, a encontrarlo de nuevo."
+df
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