Jamás imaginaste
cuando a México intentaste
A un obispo encontrar,
Que el viento se levantase
Y el Pastor te invitase
A Japón sin regresar.
Tempestad no existe
que la gracia no tranquilice
con la patria recordar.
Japón recibiste
Y con lágrimas te dirigiste
A la blanca Cruz señal.
Ser sacerdote no alcanzaste
Pero el Santo Nombre dijiste
Y el pueblo sí nutriste
Cuando te dieron tu altar.
+df

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