Saturday, March 26, 2016

La Pasión de Cristo anuncia el triunfo de la misericordia de Dios



La Pasión de Cristo revela los fundamentos de la herida humana, y manifiesta la fuerza del amor de Dios. Debemos de aprovechar las Pascuas del Señor para profundizar nuestra relación con Él, meditando la gloria de su Cruz, y pidiendo la gracia que nos ofrece el Resucitado por medio de su don del Espíritu Santo.

Son tres espíritus que se manifiestan durante la Pasión del Señor.

El espíritu del mundo se evidencia en cada vuelta. Los discípulos no pueden vigilar con el Señor mientras está en el huerto de su agonía. Eso se llama flojera espiritual. Pedro niega que haya conocido al Señor tomado preso. Eso se denomina cobardía espiritual, y ser dominado por el miedo. Poncio Pilato no tiene la fortaleza para insistir que en Jesús no ha hallado crimen ninguno. El tropiezo personal de Poncio Pilato, por ser tropiezo oficial del gobierno, desató inmensas consecuencias. También lo de Poncio Pilato fue una forma de cobardía, el tipo que resulta de decidir que no vale la pena defender a un pobre inocente.
Caravagggio (1571-1610), Pedro negando a Cristo



Todos estos ejemplos indican que la debilidad humana realmente constituye un espíritu de flaqueza, incapaz de mantenerse firme delante de la injusticia o la crueldad. Puestos en esas circunstancias, ninguno de nosotros podríamos presumir de haber actuado de otra manera. El Hijo de Dios sabe muy bien de que somos hechos, y con plena libertad se expuso a este desfile de egoísmo para revelar a nuestros ojos la gravedad del problema que nos aflige.

Pero hay más. El Espíritu del Mal opera dentro de este teatro donde el espíritu del mundo prevalece. Lo que hace el Maligno es agitar y manipular la debilidad humana para cumplir sus propios designios. Si el espíritu del mundo busca cumplir sus gustos personales sin advertir a las necesidades de la justicia y la misericordia, el Espíritu del Mal busca dirigir el conjunto de flaquezas para cumplir su último deseo. Y no cabe duda, su deseo principal es destruir la vida humana; el Malo es espíritu de destrucción. Y eso lo vemos claramente en la crueldad de los soldados que azotaron a Jesús, y en cómo Herodes y Pilato, con agendas propias, conspiraron para deshacerse del problemita del Nazareno. Los dos tenían sus objetivos, pero el Espíritu del Mal los animó para obtener el resultado deseado: La muerte de Jesús. Y el Maligno tomó como premio extra la desesperación del traidor. De hecho, yo estoy convencido de que al Maligno no le importan nuestros pecados y debilidades en sí, sino sólo en cuanto nos llevan por el camino de abandonar la esperanza en la misericordia y el perdón de Dios.

Antonio Ciseri (1888) Ecce Homo
No podemos tomar consuelo al pensar que estas crueldades terminaron en los tiempos antiguos. No podemos pensar que por los avances culturales, la debilidad humana frente a la injusticia ya no hace tanto daño, o que el Maligno tiene poco campo por donde arrastrarse para cumplir sus deseos de destrucción. Hoy en día existen “amigos” de los desamparados que fácilmente se olvidan de ellos cuando la conversación decorosa entre los cómodos y poderosos lo requiere. Y no faltan los Pilatos de hoy, muy capaces de permitir el sufrimiento de inocentes, como los no-nacidos o los niños inmigrantes, para cumplir los gustos de los que venden seres humanos para consolidar ganancias. El juego del enemigo es divulgar un espíritu de flaqueza y resignación frente al mal que efectivamente denigra y destruye la vida humana.

Con mayor razón tenemos que meditar la Pasión para entender cómo Dios desea insinuar la victoria de su amor y de su misericordia en la vida de cada uno y en todo el mundo. El Espíritu de Dios actúa en la Pasión del Señor primeramente por medio de la solidaridad entre Dios y el hombre, y luego, con expresiones de solidaridad entre los hombres mismos. El espíritu del mundo y del Maligno han sido vencidos porque Jesucristo es el Hijo de Dios que unió su propia persona con lo humano. Se hizo hombre. Dios está siempre “con el ser humano” porque la Encarnación es irrevocable. Y en la Pasión se expresa totalmente solidario con nosotros; Muere. Y además, muere injustamente y con bastante crueldad—experiencia de muchos y no solo los peores.

El Greco (1592), Pieta

La extensión efectiva de la gracia de la Encarnación empieza a manifestarse en el arrepentimiento de Pedro, y en la ayuda del Cirineo, quien se puso a cargar la Cruz. También se muestra en el ladrón arrepentido, gritándole a Jesús que se acordara de él; y en la confesión del soldado romano, quien admitió que Jesús era un hombre inocente; y en Nicodemo, quien puso a disposición de los discípulos la tumba nueva para que recibiera el cuerpo del Crucificado. Estás señas de solidaridad con Jesucristo Nuestro Señor, señas de compasión y fortaleza humana indican – en la oscuridad de la Pasión--  por donde vendrá la luz de la Resurrección. En este sentido, el triunfo de la misericordia que se manifestará plenamente en la resurrección del Señor y en el don del Espíritu Santo el día de Pentecostés, ya está presente en la narración de la Pasión del Señor.


El Resucitado  nos dará en plenitud su espíritu de fortaleza y sabiduría, su Espíritu Santo, precisamente para renovarnos por dentro con este amor solidario entre Dios y nosotros, y entre nosotros mismos como seres humanos. Necesitamos este Espíritu para resistir la flojera y la resignación delante del Mal, y para poder anunciar claramente que la victoria de Dios infundida en nuestros corazones es lo único que puede salvar al ser humano.


Dediquemos pues, los días de Pascua a las obras de misericordia, porque son señales vivas de la victoria de Cristo. No hemos recibido un espíritu de debilidad o de flaqueza espiritual, mucho menos un espíritu de resignación delante del sufrimiento humano. Hemos recibido un espíritu de fortaleza y sabiduría, para poder atender sin miedo al Cristo que sufre hoy en día entre nosotros. El Señor ha resucitado, seamos resucitados con Él.

+df

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