La Pasión de Cristo revela los fundamentos de
la herida humana, y manifiesta la fuerza del amor de Dios. Debemos de
aprovechar las Pascuas del Señor para profundizar nuestra relación con Él,
meditando la gloria de su Cruz, y pidiendo la gracia que nos ofrece el
Resucitado por medio de su don del Espíritu Santo.
Son tres espíritus que se manifiestan durante
la Pasión del Señor.
El espíritu del mundo se evidencia en cada
vuelta. Los discípulos no pueden vigilar con el Señor mientras está en el huerto
de su agonía. Eso se llama flojera espiritual. Pedro niega que haya conocido al
Señor tomado preso. Eso se denomina cobardía espiritual, y ser dominado por el
miedo. Poncio Pilato no tiene la fortaleza para insistir que en Jesús no ha hallado crimen ninguno. El
tropiezo personal de Poncio Pilato, por ser tropiezo oficial del gobierno,
desató inmensas consecuencias. También lo de Poncio Pilato fue una forma de
cobardía, el tipo que resulta de decidir que no vale la pena defender a un
pobre inocente.
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| Caravagggio (1571-1610), Pedro negando a Cristo |
Todos estos ejemplos indican que la debilidad
humana realmente constituye un espíritu de flaqueza, incapaz de mantenerse
firme delante de la injusticia o la crueldad. Puestos en esas circunstancias,
ninguno de nosotros podríamos presumir de haber actuado de otra manera. El Hijo
de Dios sabe muy bien de que somos hechos, y con plena libertad se expuso a
este desfile de egoísmo para revelar a nuestros ojos la gravedad del problema
que nos aflige.
Pero hay más. El Espíritu del Mal opera
dentro de este teatro donde el espíritu del mundo prevalece. Lo que hace el
Maligno es agitar y manipular la debilidad humana para cumplir sus propios
designios. Si el espíritu del mundo busca cumplir sus gustos personales sin
advertir a las necesidades de la justicia y la misericordia, el Espíritu del
Mal busca dirigir el conjunto de flaquezas para cumplir su último deseo. Y no
cabe duda, su deseo principal es destruir la vida humana; el Malo es espíritu
de destrucción. Y eso lo vemos claramente en la crueldad de los soldados que
azotaron a Jesús, y en cómo Herodes y Pilato, con agendas propias, conspiraron
para deshacerse del problemita del Nazareno. Los dos tenían sus objetivos, pero
el Espíritu del Mal los animó para obtener el resultado deseado: La muerte de
Jesús. Y el Maligno tomó como premio extra la desesperación del traidor. De
hecho, yo estoy convencido de que al Maligno no le importan nuestros pecados y
debilidades en sí, sino sólo en cuanto nos llevan por el camino de abandonar la
esperanza en la misericordia y el perdón de Dios.
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| Antonio Ciseri (1888) Ecce Homo |
No podemos tomar consuelo al pensar que estas
crueldades terminaron en los tiempos antiguos. No podemos pensar que por los avances
culturales, la debilidad humana frente a la injusticia ya no hace tanto daño, o
que el Maligno tiene poco campo por donde arrastrarse para cumplir sus deseos
de destrucción. Hoy en día existen “amigos” de los desamparados que fácilmente
se olvidan de ellos cuando la conversación decorosa entre los cómodos y
poderosos lo requiere. Y no faltan los Pilatos de hoy, muy capaces de permitir
el sufrimiento de inocentes, como los no-nacidos o los niños inmigrantes, para
cumplir los gustos de los que venden seres humanos para consolidar ganancias.
El juego del enemigo es divulgar un espíritu de flaqueza y resignación frente
al mal que efectivamente denigra y destruye la vida humana.
Con mayor razón tenemos que meditar la Pasión
para entender cómo Dios desea insinuar la victoria de su amor y de su
misericordia en la vida de cada uno y en todo el mundo. El Espíritu de Dios
actúa en la Pasión del Señor primeramente por medio de la solidaridad entre
Dios y el hombre, y luego, con expresiones de solidaridad entre los hombres
mismos. El espíritu del mundo y del Maligno han sido vencidos porque Jesucristo
es el Hijo de Dios que unió su propia persona con lo humano. Se hizo hombre. Dios
está siempre “con el ser humano” porque la Encarnación es irrevocable. Y en la
Pasión se expresa totalmente solidario con nosotros; Muere. Y además, muere
injustamente y con bastante crueldad—experiencia de muchos y no solo los
peores.
La extensión efectiva de la gracia de la
Encarnación empieza a manifestarse en el arrepentimiento de Pedro, y en la
ayuda del Cirineo, quien se puso a cargar la Cruz. También se muestra en el
ladrón arrepentido, gritándole a Jesús que se acordara de él; y en la confesión
del soldado romano, quien admitió que Jesús era un hombre inocente; y en
Nicodemo, quien puso a disposición de los discípulos la tumba nueva para que
recibiera el cuerpo del Crucificado. Estás señas de solidaridad con Jesucristo
Nuestro Señor, señas de compasión
y fortaleza humana indican – en la oscuridad de la Pasión-- por donde vendrá la luz de la Resurrección. En
este sentido, el triunfo de la misericordia que se manifestará plenamente en la
resurrección del Señor y en el don del Espíritu Santo el día de Pentecostés, ya
está presente en la narración de la Pasión del Señor.
El Resucitado nos dará en plenitud su espíritu de fortaleza
y sabiduría, su Espíritu Santo, precisamente para renovarnos por dentro con
este amor solidario entre Dios y nosotros, y entre nosotros mismos como seres
humanos. Necesitamos este Espíritu para resistir la flojera y la resignación
delante del Mal, y para poder anunciar claramente que la victoria de Dios
infundida en nuestros corazones es lo único que puede salvar al ser humano.
Dediquemos pues, los días de Pascua a las
obras de misericordia, porque son señales vivas de la victoria de Cristo. No
hemos recibido un espíritu de debilidad o de flaqueza espiritual, mucho menos
un espíritu de resignación delante del sufrimiento humano. Hemos recibido un
espíritu de fortaleza y sabiduría, para poder atender sin miedo al Cristo que
sufre hoy en día entre nosotros. El Señor ha resucitado, seamos resucitados con
Él.
+df




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