Tuesday, November 15, 2016

Sobre las elecciones



Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor, 

Las recientes elecciones han dado sus resultados y aquellos que han sido elegidos para servir en los diferentes puestos locales, estatales y federales han comenzado a prepararse para asumir sus responsabilidades. Oremos por todos los servidores públicos sin importar el partido político. Alcanzar el buen orden y un espíritu de cooperación es de interés para todos. Como pueblo, comenzamos el proceso de evaluar hacia dónde vamos desde aquí. Los cristianos servimos mejor al país cuando promovemos el bien común, cuando defendemos la justicia, la dignidad humana y los intereses de aquellos que son más vulnerables en la sociedad.

Sabemos, desde hace mucho tiempo, que ningún partido o plataforma política satisface la amplitud de la visión contenida en el Evangelio y en la Enseñanza de la Doctrina Social Católica que brota del mismo Evangelio. La Iglesia trabaja para apoyar lo que los gobiernos proponen si juzgamos que van de acuerdo con el bien humano y a la formación de una sociedad más justa. Trabajamos para rechazar vigorosamente los aspectos de una agenda política que perjudican al bien humano o fomentan la injusticia de cualquier tipo. Esto significa que en cualquier nivel, ya sea local, estatal o nacional defendemos y protegemos las familias, los niños y los no nacidos, los desempleados, los trabajadores pobres y los inmigrantes. La justicia sólo es posible cuando reconocemos que todos están incluidos en sus objetivos.

Ahora sabemos, mucho mejor que antes de las elecciones, cuáles son los asuntos o problemas que tenemos ante nosotros. Con esto en mente, los católicos deben de estar preparados para seguir abogando por la justicia y la misericordia en los días venideros. Esto requiere un continuo proceso de discernimiento, un sentido de valor y un compromiso a la participación política. Estamos bendecidos al vivir en un país donde ningún individuo o rama del gobierno puede cambiar unilateralmente la ley y su debido proceso. Por lo tanto, los católicos en particular tienen que estar preparados para participar de manera vigorosa y con postura firme en la discusión pública sobre cualquier cambio propuesto en la política desde una perspectiva que promueva una norma de ley que respete y mantenga la dignidad y los derechos de todas las personas.

Aquí en el Valle del Río Grande muchos temen que los futuros cambios en las leyes o en las normas de inmigración causen grandes daños a las familias y a los niños. La Iglesia trabajará cada instante para defender su dignidad y protegerles conforme a la ley. Continuaremos abogando a favor de una reforma integral del sistema legal de inmigración que sirva mejor a las familias y a aquellos que sufren bajo las insuficiencias del sistema actual. Es de interés nacional tratar al inmigrante con justicia, con compasión y con respeto. Para un cristiano esto es un imperativo del Evangelio.

Aquí en la frontera muchos también se preocupan por los elementos criminales que promueven drogas, pandillas, tráfico de personas, secuestros y extorsiones. La Iglesia pide que estos elementos sean frenados aplicando la ley sin perjudicar o dañar a la comunidad inmigrante que huye de estas mismas fuerzas. En el Valle del Río Grande sabemos de ante mano que muchas madres y niños huyen de la violencia y la criminalidad en México y en Centroamérica y llegan aquí buscando refugio. La comunidad local, en cooperación con las autoridades, siguen respondiendo generosamente a las familias afectadas por esta trágica realidad. La Iglesia, en su libertad, debe seguir apoyando a estas familias y a los jóvenes, y estar preparada enérgicamente para en el futuro protegerlos de políticas que podrían exponerlos a situaciones de peligro de muerte.

Dios se hizo carne en el vientre de la Virgen; de niño tuvo que huir con su familia de aquellos que amenazaban quitarle la vida; aceptó a vivir nuestra condición vulnerable; murió por acusaciones injustas y conflagraciones hóstiles; y resucitó de entre los muertos reivindicando todo lo que es verdadero y bueno. En esta profesión de fe se puede encontrar toda la Enseñanza Social de la Iglesia Católica, y por lo tanto, nuestra defensa de la vida humana desde la concepción hasta una muerte natural, nuestra vigilancia sobre la protección de la justicia hacia los inmigrantes y los indefensos, y nuestra esperanza inquebrantable del triunfo final de la vida sobre la muerte.

Solicito especialmente a los cristianos en el Valle del Río Grande para que sean fuertes en esta profesión y para que extiendan sus buenos efectos dentro de nuestra sociedad tan diversa. En este momento es primordialmente importante que en el Valle del Río Grande les  aseguremos a nuestros hermanos y hermanas inmigrantes que no están solos y que seguiremos apoyando y defendiendo su dignidad y sus derechos. Esta es una tierra buena y nuestro pueblo se apoya mutuamente en tiempos de incertidumbre.

Trabajemos juntos por lo que es noble y justo en la vida. No permitamos que el ira y el resentimiento nublen nuestra toma de decisiones sobre lo que constituye una buena política y una ley justa en la sociedad. Y oremos por nuestros nuevos líderes electos, especialmente por el presidente electo y el nuevo congreso para que sean instrumentos en una renovación de la justicia, la esperanza, y la reconciliación en nuestro país. 

+df


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