Saturday, April 15, 2017

Carta Pascual a los fieles de la diócesis de Brownsville


El Señor aparece a la Magdalena
Pietro da Cartona

Queridos hermanos y hermanos en Cristo,

Quisiera ofrecer a todos el saludo de gracia y de paz en el Señor resucitado.

¡Cristo ha resucitado! El que libremente aceptó la Cruz y ofreció su vida para rescatarnos de la sombra de la muerte ha mostrado su victoria. La tumba cedió su sello, y el Vivo ha salido. La Magdalena vio un jardinero, pero el Señor quiso manifestarse claramente a ella, quien en ese momento y en su persona representaba a toda la Iglesia. El Señor le dio ojos claros para discernir su verdadera estatura, y Él mismo dejó atrás la figura de un obrador. La Magdalena ya no lo veía como uno entre tantos, sino que reconoció a su Señor.

Si antes conocimos a Jesus con criterios puramente humanos (2 Cor 5,16), como uno entre tantos, era porque Dios quiso identificarse completamente con nosotros. "He aquí el Hombre", había dicho Poncio Pilato. Fue condenado y finalmente crucificado como uno entre tantos que en este mundo han vivido la crueldad de un juicio injusto dictado sin piedad. Fue necesario que su señorío se manifestara precisamente después de haber consolidado su solidaridad con los más denigrados de este mundo. De esta manera su victoria sobre la muerte alcanzó mostrarse como victoria para todos los seres humanos.

La muerte buscaba tragar al Señor Jesús, y esa muerte encontró su fin al sentir en sus entrañas que la persona de Dios estaba unida a ese “He aquí el Hombre”. Al tercer día resucitó, manifestando que la gracia que había descendido a lo más hondo de lo nuestro tenía como fin el elevarnos a las alturas de una vida renovada. Como la semilla que cae a la tierra, muere  y produce mucho fruto (Jn 12,24), el Resucitado desea que se multiplique en sus coherederos el fruto de esta vida nueva.

La victoria de Cristo sobre el antiguo enemigo no fue solamente un triunfo sobre la muerte identificada como término de vida mortal. La Cruz de Cristo fue instrumento de su muerte, pero fue también símbolo de todo un reino donde la mentira, la crueldad, y la falta de conciencia mata y descarta a los indefensos de este mundo. La misma Cruz se vuelve símbolo del amor de Dios porque por obra de Jesús en ella, el reino de la muerte llega a su fin. En Cristo Resucitado la vida gana nueva fuerza, y extiende su reino en cada uno que, como la Magdalena, busca abrazar al que asciende a su Padre. Si todavía no  nos pertenece tocarlo, es para que sigamos en pos de Él en su tránsito al Padre.

Vivir en la resurrección de Cristo no significa solamente creer que tendremos vida después de esta vida mortal, sino que significa mucho más. Significa vivir hoy en la verdad de la vida. Seguimos al Resucitado en su tránsito al Padre precisamente por amar la verdad, practicar la piedad, y tratar a todos con el respeto que merecen por ser amadas reflexiones de la divina majestad.

Vivir en la resurrección significa que ya no podemos juzgar unos a otros según los antiguos criterios puramente humanos, los cuales son realmente criterios de la muerte. Es por eso que un cristiano debe de defender a los pobres y a los pequeños que tan frecuentemente son maltratados y descartados para alisar el camino de la economía mundial; las estructuras globales deben de servir el bien de todos. Y debemos decirles a nuestros líderes que las retoricas y las políticas de odio dirigidas contra los inmigrantes y refugiados son plenamente afrontas a la dignidad humana; debemos de amparar a tantos inocentes que buscan como escapar crueldades y atrocidades que ni los mismos gobiernos del mundo quieren admitir existen. Y no podemos cesar de desenmascarar la mentira que dice que los no nacidos no son nuestros hermanitas y hermanitos; en el silencio del vientre maternal ellos nos apelan a reconocer su dignidad y derecho a vivir.

Vayamos, pues, en pos del Resucitado, obrando para que la gracia de su resurrección se extienda por todo el mundo, y que sea un verdadero Reino de la Vida. Le pido al Señor Resucitado que nos de fuerza para vivir la gracia de su victoria, y que conceda a todos ustedes la bendición de su paz y su protección durante  estos días santos.

+Daniel E. Flores
Obispo de Brownsville


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