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| El Señor aparece a la Magdalena Pietro da Cartona |
Queridos
hermanos y hermanos en Cristo,
Quisiera
ofrecer a todos el saludo de gracia y de
paz en el Señor resucitado.
¡Cristo ha
resucitado! El que libremente aceptó la Cruz y ofreció su vida para rescatarnos
de la sombra de la muerte ha mostrado
su victoria. La tumba cedió su sello, y el Vivo ha salido. La Magdalena vio un
jardinero, pero el Señor quiso manifestarse claramente a ella, quien en ese
momento y en su persona representaba a toda la Iglesia. El Señor le dio ojos
claros para discernir su verdadera estatura, y Él mismo dejó atrás la figura de
un obrador. La Magdalena ya no lo veía como uno entre tantos, sino que
reconoció a su Señor.
Si antes conocimos a
Jesus con criterios puramente humanos (2
Cor 5,16), como uno entre tantos, era porque Dios quiso identificarse
completamente con nosotros. "He aquí el Hombre", había dicho Poncio
Pilato. Fue condenado y finalmente crucificado como uno entre tantos que en
este mundo han vivido la crueldad de un juicio injusto dictado sin piedad. Fue
necesario que su señorío se manifestara precisamente después de haber
consolidado su solidaridad con los más denigrados de este mundo. De esta manera
su victoria sobre la muerte alcanzó mostrarse como victoria para todos los
seres humanos.
La muerte buscaba
tragar al Señor Jesús, y esa muerte encontró su fin al sentir en sus entrañas que
la persona de Dios estaba unida a ese “He aquí el Hombre”. Al tercer día
resucitó, manifestando que la gracia que había descendido a lo más hondo de lo
nuestro tenía como fin el elevarnos a las alturas de una vida renovada. Como la semilla que cae a la tierra, muere y produce mucho fruto (Jn 12,24), el
Resucitado desea que se multiplique en sus coherederos el fruto de esta vida
nueva.
La victoria de Cristo
sobre el antiguo enemigo no fue solamente un triunfo sobre la muerte
identificada como término de vida mortal. La Cruz de Cristo fue instrumento de
su muerte, pero fue también símbolo de todo un reino donde la mentira, la
crueldad, y la falta de conciencia mata y descarta a los indefensos de este
mundo. La misma Cruz se vuelve símbolo del amor de Dios porque por obra de
Jesús en ella, el reino de la muerte llega a su fin. En Cristo Resucitado la
vida gana nueva fuerza, y extiende su reino en cada uno que, como la Magdalena,
busca abrazar al que asciende a su Padre. Si todavía no nos pertenece tocarlo, es para que sigamos en
pos de Él en su tránsito al Padre.
Vivir en la
resurrección de Cristo no significa solamente creer que tendremos vida después
de esta vida mortal, sino que significa mucho más. Significa vivir hoy en la
verdad de la vida. Seguimos al Resucitado en su tránsito al Padre precisamente
por amar la verdad, practicar la piedad, y tratar a todos con el respeto que
merecen por ser amadas reflexiones de la divina majestad.
Vivir en la
resurrección significa que ya no podemos juzgar unos a otros según los antiguos
criterios puramente humanos, los
cuales son realmente criterios de la muerte. Es por eso que un cristiano debe
de defender a los pobres y a los pequeños que tan frecuentemente son
maltratados y descartados para alisar el camino de la economía mundial; las
estructuras globales deben de servir el bien de todos. Y debemos decirles a nuestros
líderes que las retoricas y las políticas de odio dirigidas contra los inmigrantes
y refugiados son plenamente afrontas a la dignidad humana; debemos de amparar a
tantos inocentes que buscan como escapar crueldades y atrocidades que ni los
mismos gobiernos del mundo quieren admitir existen. Y no podemos cesar de
desenmascarar la mentira que dice que los no nacidos no son nuestros hermanitas
y hermanitos; en el silencio del vientre maternal ellos nos apelan a reconocer
su dignidad y derecho a vivir.
Vayamos, pues, en pos
del Resucitado, obrando para que la gracia de su resurrección se extienda por
todo el mundo, y que sea un verdadero Reino de la Vida. Le pido al Señor
Resucitado que nos de fuerza para vivir la gracia de su victoria, y que conceda
a todos ustedes la bendición de su paz y su protección durante estos días santos.
+Daniel
E. Flores
Obispo
de Brownsville

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