Friday, September 8, 2017

"El pueblo cristiano", la comunidad y el futuro



"El pueblo cristiano". Esta es una antigua manera de describir a la Iglesia, la comunión de los Bautizados. Este pueblo es un cuerpo identificable, compuesto de mujeres y hombres, jóvenes y ancianos, santos y pecadores que batallan. Entre la gente cristiana, la iglesia católica es quizás la más fácilmente identificable como presencia en el mundo. La estructura de la Iglesia, con el clero y los religiosos, los obispos y los papas, las parroquias y las diócesis, y una doctrina de fe bastante bien articulada, todo esto nos convierte en una presencia plenamente visible en el mundo.

Vista aérea del nuevo templo de Sagrado Corazón, Hidalgo, Texas

Mi esperanza es que los no católicos y los no cristianos en nuestras comunidades locales en el Valle del Río Grande nos vean como una presencia positiva, una que refuerza los lazos de amistad con la buena voluntad y con trabajo cooperativo para el bien de todos. Es nuestra misión servir a toda la comunidad, no sólo a la comunidad católica. Por lo tanto, nuestras Caridades Católicas no preguntan la religión de las personas cuando se acercan buscando algún tipo de ayuda. Tampoco preguntamos su estado migratorio. Esta manera de servir es en obediencia al Señor Jesús que nos ordena dar agua a los sedientos y comida a los hambrientos (ver Mt 25).

Estoy seguro que un buen número de nuestros vecinos no católicos no están de acuerdo con todas las posiciones que la Iglesia toma en los asuntos políticos y sociales de nuestro tiempo. Nuestra defensa inquebrantable del niño por nacer, nuestra defensa política en favor de un trato humano para los inmigrantes y los refugiados, y nuestra oposición a la pena de muerte, por ejemplo, son parte de lo que somos. Sin embargo, una vez más, espero que los que están en desacuerdo con nosotros no perciben en nuestra defensa de la dignidad humana ningún rastro de resentimiento o ira. Y al pueblo cristiano le digo que debemos estar constantemente en guardia para que nuestra pasión por la enseñanza social de la Iglesia no se degenere en una imprudente hostilidad hacia ninguna persona. El Señor nos prohíbe estrictamente tratar a cualquier persona con falta de respeto. Y por las veces que hemos fallado en mostrar respeto y bondad a los demás debemos buscar el perdón de Cristo y de aquellos a quienes pudimos haber ofendido.

La Iglesia es un gran misterio y como obispo estoy encargado principalmente de guiar la Iglesia, en el Valle del Río Grande, en su misión de ser una señal eficaz de Cristo Jesús, resucitado de entre los muertos. Únicamente podemos cumplir nuestra misión hacia la comunidad en general si somos fieles al Señor y a nosotros mismos como la comunidad del Señor. Quiero que los católicos del Valle sepan que tenemos grandes desafíos y oportunidades delante de nosotros. Durante algún tiempo, he estado entablando conversaciones con el clero, líderes religiosos y líderes laicos acerca de nuestra necesidad de una planificación estratégica para que podamos movernos consciente y confiadamente para enfrentar esos desafíos y aprovechar esas oportunidades.

Nueva capilla de San Judas, cerca de Weslaco, Texas

Por ejemplo, necesitamos establecer nuevas parroquias y misiones. La Iglesia está creciendo y nuestras estructuras deben adaptarse a las nuevas realidades que se desarrollan frente a nosotros. También necesitamos encontrar maneras de hacer que los católicos que se han alejado de la participación activa en nuestras parroquias se sientan invitados y recibidos en nuestras comunidades. También debemos dedicarnos a apoyarnos mutuamente en nuestras luchas cotidianas como familias y como individuos. Esto implica una renovación del celo en nuestra evangelización, catequesis y preparación sacramental, porque la gracia del Señor nos sostiene.

En octubre, los sacerdotes de la diócesis y yo continuaremos nuestras pláticas de planificación estratégica y habrá oportunidades para que los feligreses y las personas que no están presentemente activas en la Iglesia puedan expresar sus preocupaciones y esperanzas. Estamos bendecidos porque recientemente muchas de nuestras parroquias han participado en el Proceso del Encuentro. Es mi esperanza que los frutos de esos encuentros se conviertan en una parte vibrante de nuestra planificación estratégica en los próximos meses. Les pido que busquen oportunidades para participar en las pláticas.

Tal vez algunos de ustedes piensen que esto suena como otro programa de la Iglesia y que poco saldrá de él. Yo no estoy buscando organizar un nuevo programa, sino que busco una reorientación duradera de nuestra perspectiva como católicos, una reorientación que tome en serio el llamado del Papa Francisco por una Iglesia cuyas fibras estén dedicadas a la evangelización, al apoyo de la vida familiar, y a mantener vivas y fuertes las esperanzas de nuestros jóvenes. La obra del clero no debe sustituir el testimonio del pueblo cristiano. Por el contrario, estamos al servicio de proveer al Pueblo Cristiano de los recursos de la gracia, en los sacramentos y en el anuncio del Evangelio, para que todos nosotros podamos ser aquel pueblo al que el Señor llama para anunciar, testimoniar y ser su presencia en el mundo.

Que el Misterio Eucarístico sea nuestra fuerza, que Cristo nuestro Pastor nos guíe siempre, y que las oraciones de la Virgen Madre de Dios y San José nos acompañen siempre.


+df

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