Sunday, December 3, 2017

Los Regalos de Adviento


Los Regalos que Cristo Desea Darnos

El Señor Jesús quiere darnos al menos tres regalos antes de que llegue la Navidad. La cosa es que tenemos que buscarlos en lugares ocultos. Él no los esconde deliberadamente, más bien, debido a nuestras rutinas diarias pudiese parecer que están ocultos.
El primer regalo que quiere dar es la memoria para recordarlo. La experiencia de 2000 años de la Iglesia nos instruye que la mejor manera de acercarse a Jesús es practicar el cultivo de una memoria agraciada. Algunas personas son bendecidas con una muy buena memoria. Otros, como yo, luchamos todas las mañanas para recordar dónde dejamos las llaves del carro la noche anterior. Pero todos podemos cultivar una memoria santa. ¿Qué tanto nos esforzamos para recordar lo que nos dijo Jesús la última vez que tomamos las Escrituras y leímos un pasaje del Evangelio? En cuanto más nos esforcemos por recordar más recordaremos. Este esfuerzo produce grandes frutos. Si traemos a Jesús a la mente, por lo tanto, él mora en la mente. Jesús habita en nosotros por medio de su Palabra, así como el Espíritu Santo mora en nosotros por virtud de la caridad.
Recordamos muchas cosas sin importancia, como heridas pasadas y a qué hora comienzan nuestros programas de televisión favoritos. Sin embargo, la memoria alcanza su propósito más noble cuando, a través de ella, llevamos el pensamiento del Señor y su Evangelio. Por ejemplo, supongamos que lo único que puedes recordar del Evangelio que escuchó en la misa de hace algunas semanas es la frase: Lo que no hiciste por uno de los más insignificantes de los míos,, tampoco lo hiciste por mí. Eso es más que suficiente para pasar toda una semana digna de una conversación fructífera con el Señor.
Pero para que esto funcione tenemos que estar conscientes de buscar un lugar tranquilo, una serie de momentos en los que esta Palabra pueda despertar nuestros pensamientos y nuestras consideraciones. Por lo tanto, el segundo regalo que Él quiere darnos es el Silencio para morar en su palabra. Si queremos encontrar silencio, no se trata tanto de buscar un lugar sino un tiempo. La madrugada es mejor para muchos; salir a caminar por la tarde también es bueno. Pero yo recomiendo la meditación ante el Santísimo Sacramento, y si no podemos ir a la Iglesia para visitar el Sacramento, entonces el recuerdo de su presencia puede traernos una gran paz.
La Palabra emerge del silencio. Él habla desde allí. Y así, por ejemplo, recordando el Evangelio que mencioné, podemos preguntarle: Señor, ¿quieres que esté más atento a tu presencia en las personas que el mundo considera insignificantes? Al instante, sin duda dice que sí. Nosotros respondemos: Pero Señor, ¿dónde puedo encontrarte en mi vida diaria? Tenga la seguridad de que él te responderá. Creo que entienden la idea. Desde ese momento la conversación continúa.
Por lo cual, el tercer regalo que el Señor desea darnos durante el Adviento fluye de los dos primeros. Él quiere darnos una gracia para reconocerlo y amarlo. Esta gracia es la que toma las impresiones que él deja en nosotros durante nuestra oración y les permite actuar en los eventos diarios de nuestras vidas, en medio de nuestras familias, en nuestro trabajo, en la escuela, o en la recreación. Por la fe reconocemos la presencia de Cristo. Por su palabra, él señala su presencia en medio de nosotros. Nosotros pedimos la gracia para verlo no solo en nuestra rutina de cada día sino también abrazarlo y amarlo en nuestro diario vivir. Reconocer a Cristo en el mundo y amarlo en el mundo no es una actividad de entre muchas en la vida cristiana, es la única actividad de la vida cristiana. Es lo que San Pablo menciona en Gálatas 5, 6 “esa fe que opera a través del amor.”
Estos tres dones, memoria, silencio y reconocimiento amoroso, nos preparan para recibir el gran regalo de Cristo en Navidad. Queremos estar listos para ese regalo para que podamos abrazarlo mejor en el amor en la celebración de la Natividad, en las personas con quienes compartimos esta vida, y en los sacramentos a través de los cuales él comparte su vida con nosotros.

Que dios les bendiga siempre.
+df

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