Saturday, February 13, 2021

Mensaje de Cuaresma 2021, a los fieles de la Diócesis de Brownsville

 

Mensaje de Cuaresma 2021, a los fieles de la Diócesis de Brownsville                                   

                                                               

Febrero 12, 2021

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo,

 

Hace poco, alguien me comentó: “Ay, Señor Obispo, parece que estamos viviendo una Cuaresma que nunca va a terminar.” Obviamente se refería a las penas y sufrimientos que todos hemos visto y experimentado en el contexto de la pandemia. Como pueblo de Fe, sabemos que Dios no se olvida de los pobres, y todos somos pobres delante de Dios durante esta pandemia. Pero también sabemos que vivimos una resurrección cada vez que nos extendemos a confortar, animar y ayudar a otra persona que está sufriendo. Cristo vivo da vida, y esta vida sabe de su amor y la pone en práctica. Es verdad que en cierto sentido hemos vivido una Cuaresma larga, y Dios sabe que muchos están cansados y agobiados, pero también hemos visto señales de la Resurrección en la caridad de su pueblo.

La Cuaresma implica preparación por gracia para la Pascua, y al mismo tiempo nos pone en contacto con las fuerzas de Dios operando dentro de nosotros, las cuales nos conducen a la Pascua. Dependemos de Dios, pero no como espectadores sino como siervos bendecidos por la presencia activa de la caridad de Cristo en nuestras vidas.

Durante esta Cuaresma 2021 los protocolos de salud que hemos utilizado en la diócesis seguirán en vigor en todas las parroquias. No anticipo pronto poder anunciar un cambio en las medidas requeridas. Un día vamos a poder vivir la vida de las parroquias y grupos apostólicos sin las restricciones que aún siguen siendo necesarias. Pero este no es el momento de dejar atrás las disciplinas que tanto han promovido el bien común de todos. Que quede claro, la pandemia sigue afectando a la comunidad entera, y afectará la manera de vivir la Cuaresma y la Pascua esté año. “La caridad de Cristo nos urge” (2 Cor 5,14).

Esta Cuaresma no se enfocará tanto en lo que deseamos hacer para vivir algo del espíritu de la penitencia, sino abrazar más conscientemente las mismas limitaciones y debilidades que enfrentamos a causa de la pandemia, abrazándolas con más caridad, más generosidad y más confianza en la gracia del Señor.

Lo esencial es que nos preparemos en familia y en la comunidad parroquial a participar más conscientes de la gracia que se vive durante estos días. Recordamos bien que el año pasado no pudimos reunirnos en nuestros templos para los días de Semana Santa y la Pascua. Hay que apreciar lo que Dios nos ofrece, y participar con profunda gratitud en las maneras por Él proveídas.

Sí se impondrán las cenizas para iniciar la Cuaresma, pero en forma adaptada, aprobada por la Santa Sede, minimizando contactos que puedan causar riesgo de infecciones. Se celebrarán las devociones del Vía Crucis, aunque en condiciones más limitadas, por ejemplo, a través de las redes sociales. Las grandes ceremonias de Semana Santa se celebrarán en las parroquias, pero con menos movimiento de personas en procesiones tradicionales. Les aseguro que no por eso se celebrarán con menos fervor.

Animo a todos a buscar la gracia del Sacramento de la Confesión durante la Cuaresma. He animado a los sacerdotes a ofrecer más horas para el Sacramento de la Reconciliación durante las semanas de Cuaresma, y así evitar largas filas, y espacios concurridos. También, a los que, por buenas razones no han podido ir a Misa en mucho tiempo, los invito a que busquen una Misa entre semana para restablecer el contacto con el Señor en el Sacrificio del Altar, y renovar contacto con la compañía de los fieles.

Quisiera animar la oración en familia: El Santo Rosario, la Corona de la Divina Misericordia, lecturas de las Escrituras, especialmente el Evangelio del día. A estos mismos momentos de oración se pueden añadir peticiones para los enfermos y por los que cuidan de ellos.

Está grabada en mi memoria, como una de las más dolorosas decisiones que he tomado como obispo, cuando en la Solemnidad de San José, 19 de marzo, 2020, por las razones graves y apremiantes de la pandemia, suspendimos la celebración pública de la Santa Misa en nuestras parroquias. Las lágrimas que se derramaron ese día dieron testimonio del gran amor de los fieles hacia la Santa Misa, tesoro confiado por Dios a la Iglesia. Este año la Solemnidad de San José se observa viernes, 19 de marzo. Según la tradición de la Iglesia, aún siendo viernes de Cuaresma los ayunos o abstinencias de carne no se practican en las solemnidades mayores. Entonces, el viernes, 19 de marzo, 2021, no practicaremos la penitencia.

Sin embargo,  como obispo de la diócesis les pido a los que puedan que se unan conmigo a observar el día anterior, jueves, 18 de marzo, como DÍA ESPECIAL DE AYUNO en la Diócesis de Brownsville. A través del ayuno se ofrecerá un sacrificio corporal y espiritual para pedir por el fin de la pandemia; para pedir por las personas afectadas por la enfermedad y por los que cuidan de ellos; por los que lloran la pérdida de un ser querido; y por tantas otras intenciones que guardamos en nuestros corazones. También sería in día para recordar cuando se suspendieron las misas públicas y pedirle al Señor un mayor aprecio de la grandeza del santo sacrificio del Altar como la fuente primordial de la gracia en la Iglesia y en el mundo.

En este espíritu de aprecio por la fuente de la gracia, Cristo Crucificado y Resucitado, quisiera enfatizar que la Cuaresma se vincula estrechamente con los 50 días de la Pascua. Todo el ciclo de la Cuaresma y la Pascua culmina en la Solemnidad de Pentecostés, y se vive dentro del misterio del “amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo” (Romanos 5,5).

La Cuaresma se destaca por la práctica de la caridad, que es a la vez motivo y fruto del ayuno y la oración. “Ámense unos a otros” nos dice el Señor. El pecado no tiene poder sobre un alma caritativa. La Resurrección se vive en la sincera caridad que reconoce en el prójimo que sufre una hermana o un hermano con quien caminamos en la vida. Es una gracia salvífica reconocer en sincera humildad a quienes Dios nos encomienda para cuidar en la vida diaria. La caridad robustece nuestros esfuerzos a favor de la justicia y anticipa la victoria final de la vida sobre la muerte. Dios nos dará a ver la renovación final de la creación según la imagen del Cristo Resucitado, primero a través de las señales visibles de su caridad operando en el mundo, y luego en la plena revelación de lo que Dios nos ha preparado.

Mientras tanto, vivimos, luchamos y batallamos sostenidos con la esperanza de lo que Dios nos prepara en la Pascua Eterna. La lucha humana no es otra que cosa que el esfuerzo que hacemos en la gracia para actuar en la caridad. Dios nos pide ser agentes de su amor en el mundo. Nuestro movimiento como pueblo hacia la resurrección final  es a  través del camino de la caridad. Que los misterios que vivimos en tiempos de Cuaresma y Pascua sean renovación para la Iglesia, que nos hagan señales más eficaces del amor de Dios presente en el mundo, que sean alivio, consuelo y causa de esperanza para los que sufren, y que nos lleven a la vida eterna.

Que la Santísima Virgen nos acompañe, que San José nos ayude, y que Dios, la Santísima Trinidad, nos mande su poderosa bendición. Amén.


En Cristo Nuestro Señor,

+ Daniel E. Flores, S.T.D.

 Obispo de Brownsville

 

 

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