Educación y vida
La escuela es más que clases
Mi primer día de escuela fue traumático. Aún recuerdo que llovió a cántaros ese día. O, como me decía mi abuelita “Estaba lloviendo ranas”. La lluvia de ese día y la tempestad en mi alma se complementaban mejor que ninguna obra Shakesperiana. Lloré cuando salí del carro para ir a encontrar mi salón de clases. No conocía a nadie. Tal vez serán malos; tal vez no aprenderé a deletrear mi nombre. Tal vez se burlarán de mi corte de pelo. Tal vez me subiría al autobús equivocado en la tarde y nunca encontraría mi casa. Miedos muy reales para un niño de seis años.
Sobreviví. Solamente me subí al autobús equivocado un par de veces. Uno aprende de sus errores. Súbete al autobús equivocado y aprenderás a poner más atención a tu entorno la próxima vez. También aprendes de tus miedos. Las personas eran buena gente, hice amigos eventualmente y aprendí a deletrear. Muchas veces lo que parece como el fin del mundo es en realidad el principio de una aventura desafiante.
Viajo por todo el Valle del Río Grande constantemente. Hablo con muchas personas (elementos básicos en la descripción de trabajado de un Obispo). Mientras viajo, a menudo animo a las personas jóvenes a estudiar con ahínco y quedarse en la escuela. Y le digo a los padres que se involucren en la educación de sus hijos, que se mantengan alerta sobre lo que los puede desanimar, y que hablen con ellos sobre lo que están aprendiendo. La tasa de deserción escolar en el Valle es alarmante. Algunas veces personas jóvenes me preguntan por qué deben de perseverar en la escuela. Estoy seguro que les preguntan a otros adultos a su alrededor también.
¿Por qué ir a la escuela?
Quizás pensamos que la respuesta es obvia, así que les respondemos rápidamente diciéndoles porque no puedes tener un buen trabajo sin una educación. Es cierto, claro. Una educación es la llave a una futura seguridad económica. Para que alguien viva una buena vida, tal vez casarse y tener una familia, un buen trabajo es esencial. Y en el mundo en el que están creciendo nuestros niños, la tecnología y la comunicación son vitalmente importantes. Estar al corriente con el mundo de la computación, comunicación por internet, implica saber cosas sobre la ciencia, matemáticas, habilidad para escribir y escuchar, sin mencionar la ventaja de saber más de un idioma. Queremos que nuestros jóvenes tengan oportunidades en el mundo que se está abriendo ante sus ojos. Y así les decimos justificadamente: quédate en la escuela, consigue un buen trabajo. Lo que estamos diciendo es: Necesitas aprender muchas cosas para lograr algo en este mundo.
Pero hay más que eso. La escuela es tan importante por las cosas que aprendemos en el proceso de acudir, como por las cosas que aprendemos mientras estamos ahí. En mi primer día de escuela, aprendí que algo que puede ser espantoso en un principio puede ser una gran bendición. En el cuarto grado me di cuenta que iba a tener un gran problema aprendiendo las tablas de multiplicar y las divisiones largas. Entré en un pánico. Sí, un estudiante de cuarto grado puede experimentar el pánico. Pero mis maestros, mis amigos en la escuela, mis padres, todos dijeron que yo lo podía aprender. Iba a tomar mucho trabajo, pero podía hacerlo. Mi mamá compró tarjetas con las tablas de multiplicar, y mi hermano practicó conmigo hasta que las memoricé. Tiempo que yo hubiera preferido usar viendo la televisión o montando mi bicicleta se tuvo que dedicar memorizando qué resulta de 8 por 9. Toda la experiencia fue una lección sobre cómo no tener miedo de pedir ayuda, y sobre cómo no darse por vencido a la primera que se fracasa en algo. Esa lección es aún más importante para mi vida que las tablas de multiplicar arraigadas en mi memoria.
En la preparatoria tomé la clase de debate y oratoria. Era clase optativa, y estaba empezando a pensar seriamente sobre ser un abogado. ¡Aprendí mucho en esa clase! Primero, aprendí que no era muy bueno para memorizar discursos; prefería el habla espontanea. Y aprendí que debatir diferentes lados de una problemática política me aburría. También aprendí que no podía hablar apasionadamente sobre algo si no creía que fuera importante. Yo pienso que esa experiencia como que me hizo pensar menos sobre ser abogado y más sobre ser sacerdote. La escuela es el momento para intentar algo para ver cómo afecta tu corazón así como tu mente. Y cuando la educación engancha el corazón de un joven, todo el mundo se abre. Yo creo que de esa clase de debate gané el deseo de explorar qué otros tipos de educación iba a necesitar para hacer algo en lo que mi corazón estuviera comprometido.
Ir a la escuela y quedarse en la escuela es necesario por muchas razones. Pero las razones del corazón son tan importantes como las razones de la mente. Una mente bien entrenada no es de mucho uso si no hay un compromiso del corazón detrás. Sí, nuestros niños deben de aprender muchas cosas para tener éxito en esta vida, pero a lo largo ellos necesitan aprender cómo hacer que las cosas que deben de aprender encajen en un sentido de propósito y esperanza. Nuestros jóvenes necesitan saber que algunas cosas que valen la pena pueden causar miedo al principio (como el primer día de clases). Pero ese miedo puede ser amaestrado, y puede resultar algo bueno de hacer el esfuerzo. Y ellos necesitan aprender que hay algunas cosas que encontrarán difíciles de hacer (como aprender las tablas de multiplicar), y que se necesita sacrificio para que puedas hacerlo. Pero durante esto, no estás solo, hay personas que pueden ayudarte, y que quieren ayudarte a tener éxito. Yo aún recuerdo con agradecimiento la bondad y la paciencia de mis maestros quienes me ayudaron a aprender a multiplicar.
Al final, si nuestros niños no permanecen en la escuela, es porque piensan que pueden hacer más dinero de otro modo, muchas veces ilegalmente. Solamente un corazón tocado por la bondad puede reconocer que la vida no es solamente sobre el dinero que puedas hacer, pero también sobre el bien que puedas hacer. Esa es la lección que viene de darse cuenta que los talentos y regalos que Dios nos da implican una responsabilidad para desarrollarlos y usarlos bien, no solamente para nuestra ganancia económica, pero para el bien de otros. Algunas veces nuestros niños dejan la escuela porque no ven una manera de triunfar, o se sienten solos en una lucha por encajar o hacer bien. Es por esto que es importante que nosotros los adultos tomemos en serio nuestra responsabilidad de acompañarlos a través de su camino educacional; dejarles saber que pueden triunfar, que ellos pueden dejar que sus corazones sean tocados por la bondad, que no están solos.
Tal vez nosotros como adultos nos desanimamos por los obstáculos que nuestros niños deben enfrentar. A ustedes les digo, no se rindan. Recuerden lo que ustedes aprendieron en la escuela; las cosas que valen la pena a veces requieren sacrificio, estamos en esto juntos. No están solos. Hay personas que pueden ayudar.
+df
No comments:
Post a Comment