Friday, December 18, 2015

La misericordia es una obra


Como seres humanos tenemos sentimientos, actitudes, gustos y disgustos. ¿Creen que la misericordia se concentre en algunos de estos aspectos de nuestra vida? Yo no creo. De hecho podemos tener sentimientos misericordiosos, actitudes de compasión, podemos sentirnos mal mientras vemos los reportes de personas afligidas en la televisión, pero éstas posibilidades afectivas no abarcan lo que quiere decir la palabra "misericordia" porque la misericordia es una obra. 

 
Nadie puede negar que nuestro Señor Jesucristo fue misericordioso y claro está que esto no lo sabemos debido a que él guardaba ciertos sentimientos o actitudes. Lo que el Señor vivía no eran actitudes o sentimientos sino acciones. El Señor Jesús curaba a los enfermos, consolaba a los afligidos, enseñaba a los que no conocían los rasgos del Reino. Actuaba de manera misericordiosa. Sus obras nacían de la profundidad de su corazón misericordioso y esto es algo que todos deberíamos tener. Pero hay que decirlo claramente: entendemos el corazón de Jesús como fuente de misericordia porque ha mostrado tal fuente actuando concretamente por medio de sus obras.

Sabemos que Dios es bueno y misericordioso porque actúa de manera buena y misericordiosa. Este buen Dios bajó del cielo para mostrarnos la bondad. Pero fíjense bien, la bondad se expresa como un remedio para nuestro sufrimiento y por eso confesamos que la bondad de Dios es para nosotros una misericordia. 

Una vez bajado del cielo, se dedicó a continuar la gran obra de misericordia. De hecho su obra sirve para identificarlo como el Cristo prometido. "En aquel tiempo, Juan envió a dos de sus discípulos a preguntar a Jesús: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” (Vean San Lucas 7,19s.) ¿Y cuál fue la respuesta del Señor?  “Vayan a contarle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio". 

La obra misericordiosa de Jesús lo identifica como el enviado prometido.

Podríamos decir que todo el misterio de nuestra redención, desde la Encarnación hasta la derrama de sangre en la Cruz y la derrama del Espíritu el día de Pentecostés, fue el gran desarrollo de una inmensa obra de misericordia divina. Todo para remediar lo que nos aflige. ¿Y qué es lo que nos aflige? Pues claro, la falta de ser misericordiosos. 

 
Tener fe en esta obra de Jesús significa abrazar la bondad de Dios manifestada en nuestro Señor. La señal eficaz de que hemos abrazado al Señor se manifiesta en nuestra vida renovada en la gracia que nos anima a seguir su camino de misericordia. Ser renovados como agentes de misericordia es el efecto principal de la misericordia de Cristo operando dentro de nosotros. Él desea sanar nuestra falta de misericordia. 

El sentirnos mal al ver un sufrido en la tele no cuenta para contarnos entre los misericordiosos. Quizás nos sentimos bien al sentirnos mal. Pero tengan cuidado con eso pues el mundo puede sentirse mal al ver el afligido pero muchas veces no hace nada para remediar la situación. La actitud no nos hace misericordiosos. El buscar como aliviar el sufrimiento es el paso que Dios nos pide para entrar al misterio que Él empezó con su Encarnación. 

"¿Qué debemos hacer?", le preguntaba la gente a Juan el Bautista cuando hablaba de la próxima llegada del Cristo. Él replicaba: "Quien tenga dos túnicas, que dé una al que no tiene ninguna, y quien tenga comida, que haga lo mismo". (Vean San Lucas 3, 10s.)

Dios tomó nuestra naturaleza para aplicar una unción sobre nuestras heridas y al sentirnos capaces de salir al encuentro del que sufre participamos en su naturaleza divina. El Señor es misericordioso y quiere un pueblo misericordioso. Busquemos durante el Año de la Misericordia no sólo pensar en cosas piadosas sobre la misericordia sino más bien busquemos cómo atender a los que sufren. 

Si la obra misericordiosa de Jesús lo identificó como el Cristo, nuestras obras misericordiosas nos deben de identificar como Cristianos.

+df

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