A los fieles de la Diocesis de Brownsville:
Mis queridos hermanos y hermanas, muy amados por Dios y la Virgen,
El Santo Padre, el
Papa Francisco, publicó recientemente una Exhortación Apostólica dirigida a
toda la Iglesia, titulada "La alegría del amor". Le damos gracias a Dios por el ministerio del
sucesor de San Pedro en la Iglesia. En la
exhortación el Papa nos habla sobre el misterio del amor en la familia. Reafirma
claramente la doctrina de la Iglesia sobre el carácter y la misión de la familia
cristiana en el mundo y al mismo tiempo señala con su dirección pastoral cómo
enfrentar sin miedo las dificultades que hoy en día encontramos como familias
cristianas participando en el gran desarrollo de la familia humana.
Al inicio quisiera enfatizar que la exhortación
del Papa ofrece una enseñanza profunda y poética sobre la belleza y la alegría
presente en el amor vivido en lo cotidiano de la familia. "La alegría del
amor" es un documento repleto con la enseñanza bíblica
sobre el gran proyecto de Dios para la familia. Por mi parte, quisiera animar a
ustedes, familias en nuestra Diócesis de Brownsville, a buscar momentos para descubrir personalmente
la riqueza y la belleza de lo que nos dice nuestro padre y pastor, el Papa
Francisco. Las palabras alentadoras del Papa me conmueven mucho; cuando las
leo, siento que el Papa nos da acceso directo a su corazón de padre
Los medios de comunicación a menudo se
enfocan en un aspecto u otro de la enseñanza papal, puntos controvertidos
podríamos decir, a veces sin poder ofrecer orientación contextual para
ayudarnos a entender la voz de Pedro dentro de la Iglesia. Primero, quisiera aclarar
que el Papa no ha modificado la doctrina de la fe, ni ha querido modificar las
normas canónicas de la Iglesia. Lo que sí ha deseado es motivar a toda la
iglesia a reorientar sus prioridades y perspectivas pastorales. Muchísimas
familias están viviendo circunstancias de crisis, y urge que busquemos maneras
creativas para acompañar mejor a todas
las familias, especialmente las familias vulnerables, heridas por la cultura
del descarte.
Acompañar significa abrir pasos de
participación e integración para cualquier persona que busca relación con
Cristo dentro de su cuerpo vivo, la Iglesia. Es una verdad de la experiencia
humana que el dolor se vuelve infierno cuando se vive aislado; y es una verdad
de la gracia que las heridas de la vida empiezan a sanar cuando nos acompañan
personas que nos aman a la manera de Jesús. El Señor muestra su amor
relacionándose con nosotros, y pide que su Iglesia busque cómo iniciar
relaciones sanadoras con los que se encuentran aislados y heridos.
La relación es un inicio, abre una
puerta. Muchas veces entrar por la Puerta Santa que es el Señor Jesús es un
proceso gradual y requiere paciencia. Lo que es muy cierto es que no hay
acompañamiento y proceso gradual si primero no hay apertura a la relación con otras
personas. Oigo la voz clara del Santo Padre pidiéndonos hacer todo el esfuerzo
posible para acompañarnos unos a otros, con paciencia y ternura, en el proceso
de desarrollar lo que implica la relación madura con Cristo.
Pedro, como pastor, siempre busca
hacer todo lo posible para atender a las ovejas heridas, pero nunca niega la
verdad que el Señor mismo nos dejó como anuncio que sana y salva. Al contrario,
ese anuncio, tiernamente compartido y aplicado, es lo que sana. Si alguien nos
dice que no puede seguir el camino de Cristo en la Iglesia, que no sea porque
fuimos nosotros los que les cerramos las puertas a aquella gracia benévola que
conduce a la conversión y reconciliación.
Tendré más que compartirles sobre este
tema en un futuro, sin embargo por ahora es útil recordar lo que el Papa mismo
dice al inicio de su carta: "no recomiendo una
lectura general apresurada. Podrá ser mejor aprovechada, tanto por las familias
como por los agentes de pastoral familiar, si la profundizan pacientemente
parte por parte o si buscan en ella lo que puedan necesitar en cada
circunstancia concreta" (AL 7).
Cuando yo era chiquillo, mi Mamá nos
leía en voz alta historias de la Biblia o de otros libros. Quizás los papás
podrían escoger partes de la carta del Papa para compartir con sus hijos,
especialmente los que están en la edad de la adolescencia. Un párrafo bien
seleccionado, compartido en voz alta, dirigiendo atención al misterio familiar,
podría inspirar diálogo y una cultura familiar del buen consejo.
Me siento obligado, pues también el
obispo es un padre, a ayudar a las familias hacer de algún modo lo que yo mismo
les pido. Por esa razón, trataré en las próximas semanas a destacar algunas de
las enseñanzas del Papa, para que puedan las familias compartirlas
tranquilamente dentro del ambiente familiar. Les ofreceré algunos comentarios
sobre lo que nos dice el Papa con el fin de ayudarles orientar su lectura.
***
Para empezar, el Papa dice en el
primer capítulo (AL14):
"Es
significativo que en el Antiguo Testamento la palabra que aparece más veces
después de la divina (yhwh, el «Señor») es «hijo» (ben),
un vocablo que remite al verbo hebreo que significa «construir» (banah). Por eso, en
el Salmo 127 se exalta el don de los hijos con imágenes que se refieren tanto a
la edificación de una casa, como a la vida social y comercial que se
desarrollaba en la puerta de la ciudad: «Si el Señor no
construye la casa, en vano se cansan los albañiles; la herencia que da el Señor
son los hijos; su salario, el fruto del vientre: son saetas en mano de un
guerrero los hijos de la juventud; dichoso el hombre que llena con ellas su
aljaba: no quedará derrotado cuando litigue con su adversario en la plaza» (vv. 1.3-5). Es
verdad que estas imágenes reflejan la cultura de una sociedad antigua, pero la
presencia de los hijos es de todos modos un signo de plenitud de la familia en
la continuidad de la misma historia de salvación, de generación en generación".
En todo el curso de "La alegría
del amor" el Papa reitera que el fundamento de la familia cristiana es la
gracia que Dios nos ofrece. Si nos preocupamos y nos mortificamos sobre el
futuro, sin advertir a la gracia de Dios hoy, sin rezarle al Señor para que hoy
y todos los días que nos dé fuerza y luz para el camino, en vano construiremos
nuestros proyectos y planes (en vano se cansan los
albañiles). La familia cristiana tiene confianza y esperanzas para el futuro porque el Señor
camina con nosotros, y su presencia tiene su efecto cuando estamos en contacto
con Él por medio de la oración en familia.
Quisiera notar otro punto sobre el
texto del Salmo 127, citado por el Papa. Habla de los hijos, como constructores
(albañiles) de la ciudad. No todos
tenemos hijos, pero todos somos hijos, y esto implica que todos tenemos
vínculos familiares, y formamos parte del proyecto de Dios para la familia.
Además, todos, como adultos, tenemos responsabilidades hacia las generaciones
que nos siguen. Como hijos e hijas, y como responsables por la formación de los
jóvenes, todos somos constructores de la ciudad.
El Salmo indica que la vida familiar
no se puede aislar del gran tema indicado por el uso de la palabra "ciudad".
La ciudad
en contexto bíblico significa la sociedad amplia, el complejo de las relaciones
familiares y sociales, entretejidas para formar la gran familia humana. Como
bien dice el Papa, "El bien de la familia es
decisivo para el futuro del mundo" (AL 31). Ciertamente, cuidar
y promover el bien de nuestras familias es decisivo para el futuro del mundo.
Le pedimos asiduamente al Señor que nos ayude con su gracia para tal desafío y
misión tan urgente y tan noble.
+df
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