Ponte de pie,
tú, hombre, no seas dormilón;
merece alto
riesgo
alcanzar tu más
digna pasión.
El movimiento
de agua,
como aguacero
de rápida efusión,
crea
barrancos, llevando por debajo
los que miran
de reojo cualquiera decisión.
Incluso bestias
buscan salidas
cuando tempestades
impiden pasar;
ven piedras recién
quebradas
donde parece
que de repente un rayo cayó.
Los Toros
cruzan contra barrancos,
y abriendo
paso, arriesgan la última equivocación.
Mejor brincar
que ser un ser entrampado,
buscar la
brecha en la roca,
que morir
delante de la fisura que por Dios se abrió.
Así un varón malherido
por encima de la
quebrada honda saltó,
y como fuego
por fin penetra
por donde
antes ni siquiera brisa pasaba,
por donde
solamente ligera luz rayó.
Allí encontró
su entrada,
igual que un
rayo que pronto cayó.
Desde allí
corre sangre al río,
Y parece que
con eso se acabó.
Pero no. Allí
donde brota agua con sangre,
Dígame usted
lo que vio.
Mire usted el
torero,
supo y enseña
a brincar.
Saltando con
forma proporcionada,
crea arte de
su daño fatal.
¿A poco no lo
sabias,
a poco no se
te ocurrió?
Con un estilo
divino, mira,
el dibujante
te lo mostró,
con ese mismo
estilo,
sin aviso de
pronto te punzó.
De tal manera
lo hizo,
tan fuerte y
claro que se vio,
tocó lo
intocable,
y lo más
insensible,
por fin, con sangre y agua lo
sensibilizó.
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