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Monday, December 24, 2012

Christmas Message to the People of the Rio Grande Valley

My Christmas Message is posted here below. It is a little unconventional, I will admit; but if you hear what it tries to say, it serves its purpose. For the English version, simply scroll down.


Se presenta un mensaje navideño 2012, o mejor dicho, una serie de diálogos intercalados con una narración del Señor Obispo.
Un niño pequeño los guiará

La Navidad 2012 nos llegó a la hora apuntada, interrumpiendo el curso de nuestros planes y actividades. Sí sabíamos que iba llegar, pero aplazamos o ignoramos el pensarlo. Teníamos mucho que hacer; había mucho correr y poco tiempo para perder.
“Sí hijo, quizás mañana vamos a ir a ver las luces navideñas en los exteriores de las casas.”
“No, Mamá, no se me va a olvidar conseguirle un regalo para mi Tía. No  te preocupes, todavía me queda tiempo.”
“Oiga, Mamá, ¿no tiene usted la dirección postal del primo? No voy a tener tiempo para pasar por la casa de la Tía.”
La tele interrumpe su programación ordinaria, y sin querer los reporteros nos muestran imágenes de violencia. Faltan palabras. ¡Qué tragedia! Tan inocentes las criaturas. Vemos lágrimas y familias inconsolables.
“¡Hay, Señor! ¿Qué podemos hacer?”
Espontáneamente, pensamos en los niños. Durante los días que siguen, abrazamos a cada uno con un apretón más consciente y más prolongado. Y quizás sentimos un poco de vergüenza: Esto lo debería de hacer todos los días. La vida es preciosa, y muy vulnerable. Existen cosas que no entendemos.
“Que Dios nos ayude.”
Frenéticos transitamos de una cosa a otra como quienes buscan un tesoro escondido; nos consumen preocupaciones pequeñas,  divisiones y pleitos sin sentido. Se nos va el tiempo. Crecen los hijos.
“¿Cuándo te hiciste tan grande?”
Somos criaturas misteriosas y vulnerables. Fácilmente se nos olvida que el tesoro ya lo poseemos. Si el rayo de luz no nos cae del cielo, nos quedamos en el olvido, y en la oscuridad sin ver lo que realmente tenemos  frente  a nuestros ojos.
Llega el día 25. Nos faltó tiempo. Nos cae brusco.  Ni modo, ya llegó.
“Ven, hijo, vamos a  acercarnos al Nacimiento después de la Misa.”
“Qué bonito.”
“Mamá, hay mucha gente alrededor.”
“Si, hija, pero al rato nos podemos arrimar más.”
“Papá, ¿qué estamos viendo?”
“Es el niño Jesús. Diosito se hizo un chiquillo, hijo, como lo fueron tú y tu hermanita hace poco. El niño tiene frio pero está contento; tiene a su familia alrededor.”
“Y porque quiso Diosito entrar al mundo en tiempo de frio?”
“Pues, no sé hijo, quizás para darle a María y José el gusto de poder acurrucarlo con un cariño caluroso. Y quizás para enardecer con amor divino el hogar de María y José.”
La Navidad es una luz que penetra por las nubes, y llega hasta los rincones más oscuros de la vida para sanarnos del olvido y de la ceguera. El tesoro ya lo tenemos. No estamos solos. Sí hay mucho que hacer, pero no como antes lo habíamos pensado. Tenemos hijos para abrazar y ancianos para besar. Tenemos amigos con quien conllevar y disfrutar, familiares para consolar y con quienes regocijar. La vida es preciosa y vulnerable, un regalo de valor inestimable. Mi hermano me necesita y yo lo necesito en mi vida. Juntos llegamos bien.
“Feliz Navidad, hijo, y muchas gracias por haberme visitado.”
“Igualmente, Tía. Que tenga un día muy feliz.”
“Me le saludas a tu mamá. Que Diosito te guarde.” Un beso; un abrazo un poco más consciente, más prolongado.
A eso viene el Dios grande, el que se hizo pequeño. El amor de Dios es el camino hacia el amor entre los hombres. Nos queda mucho que hacer; el amor está en marcha, pero las tinieblas no se dispersan sin resistir. Ojos de fe ven que la luz que cae del cielo tiene cara de un niño; él es el líder que va por delante de nuestro camino. Como lo había predicho el profeta Isaías: “Un niño pequeño los guiará.”
Felices Pascuas Navideñas a todos. Que el Dios que se hizo hombre les conceda luz para ver y amor para envolver sus hogares durante esta Navidad y durante todos los días de sus vidas.
+df


And a Child shall Guide Them
Christmas 2012 fell on us at the appointed time, interrupting the course of our plans and activities. We knew that it was coming, but we put it off or decided to ignore it. We had much to do; lots of running around and little time to lose.
“Yes, son, maybe tomorrow we will go to see the Christmas lights on all the houses.”
“No, Mom, I won’t forget to get a Christmas present for my aunt. Don’t worry; I still have time to do it.”
“Mom, do you have the mailing address for my cousin? I don’t think I will have time to go by my aunt’s house.”
The television interrupts its usual programming and without wanting to, the reporters show us images of violence. Words fail us. What a tragedy! They were innocent children. We see tears and inconsolable families.
“Oh, Lord, what can we do?”
Spontaneously, we think of the children. And during the days that follow, we hug each one a little tighter, and for a little longer. And maybe we feel a little guilty: I should do this every day. Life is precious, and vulnerable. And there are many things in life we do not understand.
“May God help us.”
We frantically run from one thing to another, like people looking for a buried treasure; small preoccupations consume us, and so do divisions and arguments that do not make much sense in the long run. Time passes. Our children grow up.
“When did you get so tall?”
We are mysterious and vulnerable creatures. We easily forget that we already possess the treasure. If the ray of light does not fall to us from the heavens, we stay in a state of forgetting and of darkness, unable really to see what we have in front of our eyes.
The 25th arrives. We ran out of time. It falls on us brusquely. Can’t do much about that, it’s here.
“Come now, son, we are going to go see the Nativity scene after Mass.”
“How pretty it is.”
“Mom, there are lots of people around.”
“That’s right, but in a little while we will be able to get closer.”
“Dad, what are we looking at?”
“It is the child Jesus. God became a little child, son, just like you and your little sister were not too long ago. The child is cold, but he is happy; he has his family around him.”
“And why did God enter the world in the winter when it was cold?”
“Well, I am not sure, son, maybe it was to give to Mary and Joseph the joy of being able to snuggle him close to warm him. And maybe it was so he could warm the home of Mary and Joseph with his divine love.”
Christmas is a light that penetrates through the clouds, and it reaches to the most obscure corners of life to heal us of our forgetfulness and our blindness. We already have the treasure we were looking for. We are not alone. Yes, there is much to do, but not like we had previously thought. We have children to embrace, and old folks to kiss. We have friends with whom to carry our burdens and with whom to enjoy life; and we have family members to console, and with whom to rejoice. Life is precious and it is vulnerable, a gift without price. My brother needs me, and I need him in my life. Together we can make it.
“Merry Christmas, son, and thanks very much for stopping by.
“Same to you, Auntie. May you have a very happy day.”
“Say hello to your mother for me. May God protect you.” A kiss, a more conscious hug, lasting a bit longer.
It was for this that the great God made himself small. The love of God is the pathway toward our love for one another. We do have much to do; love is on the march, but the shadows do not dispel without resistance. Eyes of faith see that the light that falls from heaven has the face of a child; he is the leader that goes before us on our path. As was foretold by the prophet Isaiah: “A little child shall guide them.”
Happy Christmas-tide to everyone. May the Lord God who became man grant you light to see, and love to envelop your homes this Christmas, and every day of your lives.
+df

Friday, December 7, 2012

Sin Pecado Concebida


  
Meditación sobre el himno Mística Rosa de intocados pétalos,
(Breviario Romano para el día 8 de diciembre)

Santísima sin pecado concebida
Madre compasiva,
Virgen de inocencia indecible,

Mística Rosa de intocados pétalos,
Tu manto refleja el límpido cielo de infinitas lámparas,
Y tus ojos abarcan la condición afligida de tu pueblo.

El Padre y tú pronuncian la misma Palabra:
Dios-Hijo del Padre en el cielo narrado,
Dios-Hijo por ti en tierra cantado,

Santificando primero la morada santa de tu cuerpo,
Tu Hijo Bajó del cielo, como dice el Credo,
Abrió así camino que al Padre devuelve.

Por nuestra salvación Dios cruzó la antigua frontera,
Que separa de Dios la criatura expatriada.
Saltó como carnero sobre la vieja muralla.

Musa celeste, cántanos del Amor-Artífice,
El Sabio sin tiempo que del Padre procede
Cántanos el sendero que de Él proviene

Muéstranos amar como Él lo quiere,
Sanar las heridas que el odio enciende,
Ser servidores de los relegados
Entre los cuales Él se esconde.

Cántanos de un futuro luciente
Que solo por Dios se concede.
Y, cuando el viento tu presencia anuncie,
            Pídeme lo que Él requiere. Amen.

+df
8 diciembre 2012

Friday, April 20, 2012

Misericordia y Resurreccíón


La misericordia de Dios se muestra de una manera penetrante, eficaz y maravillosa durante la procesión dramática de la obra redentora. Penetrante, porque efectivamente la gracia expone a la luz la verdadera miseria del ser humano. Cristo acepta nuestra condición de seres asombrosamente capacitados, pero a la vez radicalmente sometidos a poderes aun más fuertes: el espíritu de envidia y de celos, por ejemplo. Más todavía: durante la Pasión del Señor se revela las sutiles manipulaciones del diablo, buscando como incitar a los hombres a un odio inexplicable contra lo bueno, lo noble y lo sano en la vida humana. Existen poderes dañosos en el mundo y en nuestro interior, que superan nuestras fuerzas para remediar.
Eficaz, porque al quedar expuesta la miseria, el doliente recibe la gracia de saberse necesitado. El panorama del Misterio Pascual expone nuestra debilidad. Es una gracia poder ver las cosas tal como son. El pecado oscurece nuestras percepciones; vemos, pero no vemos. La Pasión aclara que somos capaces de distinguir entre el bien y el mal, pero en los momentos más decisivos de la vida, fallamos de voluntad.  Pedro derramó lágrimas por haber visto las cosas tal como son.
Maravilloso es la misericordia porque al saberse uno necesitado, encuentra la gracia de poder invocar la misericordia de Dios. ¡Ayuda me, Señor, sin ti no tengo esperanzas! Jamás ha negado el Señor la oración pidiendo misericordia. Tenemos los ejemplos de las lágrimas de Pedro, el del ladrón arrepentido (crucificado al lado de Jesús), y el ejemplo de la confesión del soldado confesando que Cristo era el inocente. La gracia opera dentro del ser humano por medio de los movimientos interiores: una luz penetrando la consciencia, un impulso incitando la voluntad, un alivio dando paz al alma.
La maravilla de la misericordia llega a su cumplimiento al pedirle al Señor la gracia de un corazón nuevo, renovado, y capaz de ver y de poner en práctica el compromiso con Dios y con la realidad humana. La resurrección de Jesucristo contiene también la nuestra. Resurrección prometida en el juicio final—cierto-- pero implica a la vez nuestra resurrección como realidad vivida hoy, una sanación de la herida que más nos aflige en esta vida. Permítanme elaborar.
El filosofo Nietzsche, progenitor de la corriente cultural moderna que promueve la bandera de  la auto-suficiencia humana, castigaba a los cristianos por estar invocando cada rato la ayuda de un poder fuera de sí mismos.  Le daba asco pensar que el hombre dependiese de algo fuera de sus propias fuerzas. El filósofo alemán se enfocaba en la necesidad humana como seña de debilidad. Tal perspectiva considera la relación con otros como algo insignificante. Pero nosotros, los creyentes, no nos enfocamos en la miseria como seña de debilidad, sino en la debilidad como seña del camino verdadero hacia el redescubrimiento de nuestra identidad como criaturas establecidas en relación con otros. La herida del ser humano es precisamente la tendencia de creernos auto-suficientes. El poder que tenemos como seres humanos florece en contexto de relación amistosa con otras personas, y en relación con Dios.  Al otro lado del camino hacia el encuentro con la misericordia de Jesucristo, nos sabemos relacionados con Él, y por medio de Él, relacionados con el Padre celestial. Y si somos relacionados con el Padre de Jesucristo, nos encontramos vinculados con todos quienes el Hijo ha intentado hermanar por su santa Cruz y Resurrección.
La resurrección vivida hoy por los cristianos consiste precisamente en esta renovación de relaciones. Esta es la caridad, entendida como don para vivir honradamente el compromiso de amor con Dios y con nuestros prójimos. Este don surge en el corazón al contemplar el Cristo crucificado y traspasado por la espada. La manifestación de su compromiso con nosotros es una gracia que nos invita y nos capacita para vivir el nuevo compromiso con Él.
En realidad existen solo dos posibilidades para el ser mano: O somos aislados y no tenemos remedio fuera de nosotros mismos; O somos invitados a relacionarnos de nuevo con el Dios que quiere ser conocido y invocado como Padre. En la primera opción, somos huérfanos en este mundo: cada uno por su lado. En el segundo camino, somos hijos e hijas de un Dios en quien podemos confiar. La primera opción nos lleva por caminos de la tiranía del poder (los poderosos del mundo dominan sin fijarse en las condiciones de los más débiles). El otro camino, el camino de Cristo-- el que nos muestra la cara del Padre-- nos impulsa a buscar las nuevas relaciones de comunión con Dios, y de compromiso eficaz con nuestros hermanos y hermanas.
El que conoce a Cristo, ama al Padre que lo envió. Fue enviado, se hizo nuestro hermano, para remediar las condiciones de todos nosotros. Vino a socorrernos con su misericordia, invitándonos a recibir el don de nuevas relaciones y de más valiosos compromisos. Es preciso vivir esta resurrección. Ámen.