Wednesday, April 23, 2014

Carta Pascual: La Pascua del Señor y la misión hacia las periferias

Les he pedido a los párrocos leer esta carta, dirigida a los filigreses de la Diócesis de Brownsville, durante las Misas en cualquier Domingo de la temporada Pascual.

Carta Pascual
La Pascua del Señor y la misión hacia las periferias

Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor,

Los días de  Pascua son días de luz y esplendor para la Iglesia.  Por cincuenta días, desde el anuncio de la manifestación del Resucitado, hasta el gran domingo de Pentecostés, la Iglesia vive su primavera anual, justamente reflejada en la renovación de vida que se expresa en la bella naturaleza renacida. Reflejada pero no superada, porque la efusión de vida que vive la Iglesia en estos días  es la expresión viva de los efectos de la gracia del Señor triunfante sobre la muerte, y este misterio de vida trasciende el orden natural. La resurrección del Señor se muestra en la Iglesia poderosamente durante esta temporada de los bautismos, las confirmaciones, y las primeras comuniones. El ungido del Padre, rechazado por los poderes del mundo, resucitó vindicado como el Hijo preferido y victorioso; y él derrama su nueva vida como una unción sobre su cuerpo, la Iglesia. Todos los que se acercan al Señor en estos días reciben la unción de nueva vida.

Estamos acostumbrados a pensar que nosotros elegimos al Señor, o decidimos participar en la vida de su Iglesia. Es cierto, pero el lado humano, de donde nacen nuestras decisiones, no encierra toda la realidad. De hecho, no podríamos acercarnos al bautismo, o a la confirmación o la sagrada comunión sin primero haber reconocido la luz brillante del Cristo atrayéndonos a su encuentro. En las Escrituras, leemos que el Resucitado no se manifestó a todos, sino a los escogidos por él de antemano. Y no se manifestó al mismo tiempo a todos, sino en el momento escogido por él.  En manera semejante, él toma la decisión de atraernos por medio de su manifestación personal, en los momentos escogidos por él. Y cuando el Señor se presenta, invita a que se reúnan todos con él y con sus compañeros. Por eso decimos que nuestra decisión de seguir a Cristo en su Iglesia depende totalmente de la decisión previa del Señor de manifestarse a nosotros. Además, el Señor nos escoge con el propósito particular de incorporarnos en su Iglesia. No me digan que Cristo no estableció una Iglesia; esa idea es una invención de nuestra época individualista: “no tengan miedo,” dijo, “id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán” (véase Mateo 28, 10). Un cristiano no puede regocijar en la resurrección sin salir a buscar la comunidad apostólica para poder compartir la nueva vida. Ahí tienen a la Iglesia. Por eso estamos aquí.

Que tampoco sea causa de orgullo el haber recibido la unción del Señor. Si él nos invita a recibir el favor de su presencia luminosa en nuestras vidas, es bueno recordar que el Señor escoge a los que no son nada en el mundo “para humillar el poder”, como dice San Pablo. “Aún más”, continúa el Santo Apóstol, “ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta” (véase 1 Co 1: 27 ss). Lo que dice San Pablo va de acuerdo con lo que nos enseñan los Evangelios.  El Señor se identificó con las palabras del profeta Isaías cuando dijo que había sido ungido y enviado para  anunciar la buena nueva a los pobres, y libertad a los oprimidos (véase Lucas 4: 16 ss). Por esta razón el Señor caminaba por de las aldeas de Galilea curando a los leprosos, sanando a los cojos, y prestando atención a los llantos de los pobres. El Señor prefiere a los que aparecen menos en los ojos del mundo, y les anuncia que son los preferidos en los ojos de Dios. No podemos gloriarnos: si por pertenecer a ese grupo que el mundo considera de mal olor,… si por eso, digo, el Señor nos ha buscado y ungido con el perfume del crisma bautismal, pues mejor condición no se puede imaginar.

¿Qué significa haber recibido la gracia y favor del Señor por medio de su gran salida a nuestro encuentro?  Pues bien, el Ungido, el Hijo amado del Padre, sale a nuestro encuentro y nos ofrece una participación en su unción para compartir su misma misión hacia los que se viven fuera del favor del mundo, en las periferias de la vida. Él nos impulsa a salir y a buscar a los que se sienten alejados de Dios. No vale quedarnos sentados, aunque agradecidos por lo que hemos recibido al conocer a Cristo. Tenemos que salir para anunciar el favor del Señor a los que en nuestros tiempos viven aislados y vilificados.

La tarea es algo más que urgente. Tenemos que abrir las puertas de nuestras parroquias para salir a buscar a los que hoy en día viven solos, aislados, y fuera de la comunidad. Y esas mismas puertas tienen que quedar abiertas para que los que busquen al Señor puedan entrar y sentir la acogedora bienvenida de la comunidad de Cristo, la Iglesia. Son muchísimos los creyentes en nuestra vecindad, pero no entran a la iglesia. ¿Por qué? Pues cada caso es diferente. Pero quizás sea porque viven en las nuevas colonias aquí en el Valle, y no saben dónde se reúnen los católicos. Pues, hay que salir a invitarlos. Quizás no tengan documentos y tienen miedo salir al templo. Pues, hay que asegurarles que todos tienen derecho delante de Dios a participar en el culto divino, y que la Iglesia no tiene nada que ver con los asuntos del gobierno y su incansable búsqueda de documentos. Quizás en algún momento se sintieron despreciados por un parroquiano o por un sacerdote. Pues, hay que pedir disculpas e invitarlos a regresar.  Quizás no pueden comulgar por una razón u otra. Pues, hay que decirles que no por eso debe uno de evadir participar en la santa Misa con su corazón, y disfrutar la vida de la comunidad. Bueno, podría formular una lista más exhaustiva, pero pienso que saben lo que quiero decir.

Si no aprovechamos la gracia de la unción que hemos recibido para compartirla con los que se encuentren lejos de la Iglesia que Cristo estableció con su sangre, pues, caerá sobre nosotros el mismo juicio que el Señor pronunció sobre los que en su tiempo guardaban los atrios del templo para prevenir la entrada a los impuros. “Se parecen a sepulcros blanqueados”, les decía. No vayamos a pensar que somos tan escogidos que nuestra flojera se cubrirá con la unción que hemos recibido. Al contrario, si pensamos de esa manera, estamos en lo mismo que involucró a los que se pensaban poderosos en los tiempos del Señor, los que el Señor dejó atrás mientras salía a buscar a las ovejas perdidas, anunciándoles el favor del Señor.

“El Espíritu del Señor está sobre mí, por lo cual me ha ungido para evangelizar a los pobres, y para anunciar redención a los cautivos (Lucas 4: 18).” Pongamos nuestra esperanza en ese Espíritu que ungió a Nuestro Señor Jesucristo hacia los pobres, el mismo Espíritu que nos ha llegado en plenitud por medio de la Pascua del Señor, ungiéndonos y capacitándonos para salir y participar en su misión.
Que Dios siga bendiciendo su obra entre nosotros,

+Daniel E. Flores
Obispo de Brownsville

Holy Week and Easter in the Rio Grande Valley

It is a great grace to witness the faith of so many here in this diocese, so vividly displayed in our parishes during Holy Week throughout the Rio Grande Valley. Here are just a few pictures to give you an idea of what I am mean. Let no one wonder why I often say that I am the happiest bishop in the United States.

 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Saturday, April 19, 2014

Triduuo Pascual bajo las figuras de tempestades, toros y toreros

In some future post, I hope to present an English translation of the following verses. I do not have it ready yet. If it does not appear soon, remind me. These lines treat of the Triduum under the figure of a bull caught in a storm.

 
Ponte de pie, tú, hombre, no seas dormilón;
merece alto riesgo
alcanzar tu más digna pasión.
El movimiento de agua,
como aguacero de rápida efusión,
crea barrancos, llevando por debajo
los que miran de reojo cualquiera decisión.
Incluso bestias buscan salidas
cuando tempestades impiden pasar;
ven piedras recién quebradas
donde parece que de repente un rayo cayó.
Los Toros cruzan contra barrancos,
y abriendo paso, arriesgan la última equivocación.
Mejor brincar que ser un ser entrampado,
buscar la brecha en la roca,
que morir delante de la fisura que por Dios se abrió.
Así un varón malherido
por encima de la quebrada honda saltó,
y como fuego por fin penetra
por donde antes ni siquiera brisa pasaba,
por donde solamente ligera luz rayó.
Allí encontró su entrada,
igual que un rayo que pronto cayó.
Desde allí corre sangre al río,
Y parece que con eso se acabó.
Pero no. Allí donde brota agua con sangre,
Dígame usted lo que vio.
 
 
Mire usted el torero,
supo y enseña a brincar.
Saltando con forma proporcionada,
crea arte de su daño fatal.
¿A poco no lo sabias,
a poco no se te ocurrió?
Con un estilo divino, mira,
el dibujante te lo mostró,
con ese mismo estilo,
sin aviso de pronto te punzó.
De tal manera lo hizo,
tan fuerte y claro que se vio,
tocó lo intocable,
y lo más insensible,
por fin, con sangre y agua lo sensibilizó.
 

+df

Wednesday, April 16, 2014

Chrism Mass 2014

Thanks to everyone who made this year's Chrism Mass such an extraordinarily beautiful event. And thanks especially to so many of the faithful who came to the Basilica of Our Lady of San Juan del Valle to pray with, and for our priests. At the end of the homily I cited a few lines from the Spanish Poet Lope de Vega. I intersperse them here with these pictures. The English translation is my effort.




Oye, pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.
 
 
 
Hear, o pastor, who on loves' account does die,
be not startled at the hardness of my sins,
for such a friend you are to one who cast-down lies.

 
 

Espera, pues, y escucha mis cuidados,
pero ¿cómo te digo que me esperes,
si estás para esperar los pies clavados?


 
 
Wait, please, and by my cares be hailed,
but ¿how can I say wait to you,
if for waiting's sake are your feet thus nailed?
 
 

+df 

Wednesday, April 2, 2014

Reunión en la frontera



Este lunes, martes y miércoles celebramos la reunión bimestral de los obispos de la frontera Mexicana y Tejana, en Laredo, Texas. Estas reuniones nos prestan oportunidades para discutir francamente los temas pastorales y sociales afectando a la Iglesia en nuestra región. Siempre se llevan a cabo estas reuniones en un espíritu de fraternidad, amistad y agradecimiento. El estar juntos muestra que la frontera separa dos países, pero no divide la unidad de la Iglesia.
Por supuesto el tema del ministerio de la Iglesia a favor de los inmigrantes dominó nuestras discusiones. La foto se tomó después de la Misa ofrecida en la catedral de San Agustín en Laredo, Texas.
+df


Tuesday, April 1, 2014

TEXAS-MÉXICO Bishops Send support Arizona Bishops gathered to pray for Immigration Reform

TEX-MEX BORDER BISHOPS' MEETING
March 31-April 2, 2014
Laredo, Texas


Today, April 1, 2014, the bishops of the border area of Texas and Mexico are gathered in Laredo, Texas, for our biannual meeting. We particularly wish to send greetings and expressions of support to the bishops gathered in Arizona to fast and pray on behalf of comprehensive immigration reform in the United States. Today we will celebrate Mass in the Cathedral of Saint Augustine in Laredo, Texas, in union with you, and on behalf of our people. We are very conscious of the sufferings of so many who bear inhumane circumstances as they seek a way to live a sustainable life. We are committed to continue to work on the side of the poor and the immigrant, who show us the face of Christ.

We would like to take this occasion to propose a meeting at some future time between us to discuss our experiences as pastors on the border, and to share our mutual pastoral preoccupations.


Hoy, día 1 de abril 2014, nosotros los obispos de la región fronteriza de México y Texas, reunidos en Laredo, Texas, para nuestra reunión bimestral, mandamos saludos y expresiones de apoyo fraterno con ustedes, obispos de Estados Unidos reunidos en Arizona, para celebrar la Santa Misa a favor de la reforma del sistema migratoria en los Estados Unidos. Celebramos nosotros la Misa hoy a mediodía en la catedral de San Agustín en unión y plena comunión con ustedes. Estamos muy conscientes de los sufrimientos de nuestro pueblo a causa de circunstancias inhumanas que viven muchos sólo por buscar una vida sostenible. Estamos comprometidos a seguir al lado de los pobres y los inmigrantes, los cuales nos muestran el rostro de de Cristo.

Quisiéramos tomar está ocasión para proponer una reunión entre nosotros y ustedes en un futuro no lejano para compartir experiencias y preocupaciones pastorales como pastores en la frontera.

Excmo. Sr. Mons. Alonso G. Garza
Obispo de Piedras Negras
Most. Reverend. Daniel E. Flores
Obispo de Brownsville
Most. Reverend. Gustavo García Siller
Arzobispo de San Antonio
Excmo. Sr. Mons. Michael Sis
Obispo de San Angelo
Excmo. Sr. Mons. Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros
Most. Reverend. James Tamayo
Obispo de Laredo
Excmo. Sr. Mons. Raúl Vera, O.P.
Obispo de Saltillo
Most. Reverend. Raymundo J. Peña  
Obispo Emérito de Brownsville
Excmo. Sr. Mons. Gustavo Rodríguez Vega
Obispo de Nuevo Laredo
Excmo. Sr. Mons. Jesús José Herrera Quiñones    
Obispo Nuevo Casas Grandes
Most. Reverend. Michael Pfeifer, O.M.I.
Obispo emérito de San Ángelo

Friday, March 28, 2014

Verdad, amor y la Cruz; Truth, Love and the Cross

I offer the following as a kind of meditation. It results from having thought about a provocative text I read in a book written by Joseph Ratzinger, long before he became Pope Benedict XVI, but which, it seems to me, lends itself to a terrain of reflection that has been sharply marked for us through the teaching of Pope Francis. The Spanish version is followed immediately by the English version.

"Only because truth abides does love become lethal. Truth without love does not have to die, but only judge; love without truth likewise does not have to die, but only yield. But where the two are together, the Cross comes to pass."

Joseph Ratzinger                
“Dogma and Preaching” p. 95

"Sólo porque la verdad permanece, el amor se muestra mortífero. La verdad sin el amor no tiene que morir, sólo tiene que juzgar; de igual manera, el amor sin la verdad no tiene que morir, sólo tiene que ceder. Pero cuando la verdad y el amor están juntos, resulta la Cruz."

Joseph Ratzinger                
“Dogma and Preaching” p. 95

Me encontré con este texto al leer un libro escrito por el teólogo Joseph Ratzinger. Lo escribió mucho antes de ser elegido sucesor de San Pedro pero sus  frases han permeado mis pensamientos de una manera fuerte durante esta Cuaresma y han guiado varias de mis meditaciones. Además, me parece un texto apropiado para contemplar aspectos de la fe claramente enfatizados por el Papa Francisco. Por tal motivo ahora quiero  compartir con ustedes algo de lo que el Señor me concedió entender por medio de estas meditaciones.

Dios es el amor, y el mismo Dios de amor se manifestó a nuestros ojos en la persona de Jesucristo nuestro Señor quien  dijo: "yo soy la verdad." La obra redentora de Nuestro Señor fue obra de amor y de verdad,  y solo  en él los dos coinciden perfectamente.

El Señor nos mostró la verdad con cada palabra, cada gesto, y cada expresión de bondad. Su verdad se extiende hacia nosotros, y revela lo que nos falta.  Al contemplarlo sentimos que estamos viendo en el espejo la totalidad de lo que no somos. No somos generosos con los leprosos, no somos amigables con los enemigos, no somos pacientes con los testarudos. No nos despojamos de  rencores, no nos fijamos en los pobres, no nos preparamos para perdonar. Si el Señor hubiese  venido únicamente con propósitos de revelarnos solo la verdad, el estar en su presencia hubiese sido suficiente para manifestar el juicio y la condena.

Por eso Cristo Jesús, Dios verdadero y hombre verdadero, prefiere morir antes que juzgar y condenar. El amor de Dios cede -- o sea, se renuncia completamente-- delante del capricho venenoso de sus seres insensatos pero tan pródigamente amados por él. Más todavía, podríamos decir que muere precisamente para evitar juzgarnos en ese momento. El amor cede paso, y maravillosamente en el ceder brilla aún más la belleza de la verdad.

El Señor nos muestra la verdad aún en su condición de condenado. ¿Qué es esta verdad? Esta verdad significa que somos cómplices en el desprecio letal que sufre el Hijo de Dios. ¿Cómo puede ser? Yo no estuve con él ese día. Cierto, pero en Cristo encontramos el Dios que quiso identificarse con cada ser humano. Se presentó como uno de tantos, y como tantos y cada uno recibió el azote y el golpe de un mundo cruel en su capacidad de  enviar la vida humana a la basura. Sí, ¿pero cuándo he hecho yo eso? "Cuando lo hiciste al más pequeño de los míos, me lo hiciste a mí,... aún les digo, el que desprecié a su hermano será llevado al fuego del lugar de castigo." (Véase Mateo  25: 31 y 5:21)

Al mirar a Cristo en la cruz nos debe de dar una vergüenza ardiente. Hemos condenado a muchos por medio de los desprecios, los enojos y los rencores que nos dominan cuando nos sentimos justificados y satisfechos en nuestra equivocada presunción. Reconocer en el rostro del Crucificado la cara desfigurada de la hermana o hermano es una gracia dura pero saludable. Si no vemos la pena que es nuestra condición, jamás podríamos pedir ayuda para escapar de ella.

El Dios de amor no desea condenar sino  liberar. La verdad libera. “¿Qué es la verdad?" le preguntó Pilato al justo condenado. Ahora lo verás le podría haber replicado el Señor. La verdad es que Dios no puede mostrarnos su cara de verdad sin descubrir su corazón de amor, porque al fin de cuentas, la verdad de Dios y la verdad del hombre es el amor. La verdad nos juzga, pero en Cristo no nos condena. El Señor, en lugar de ser el que condena, por causa del amor acepta ser condenado. En este sentido el Señor nos cede espacio y nos muestra la fuerza de su ternura: perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen.

Nuestra vergüenza delante de la Cruz sería nuestra condición perpetua si no fuera por el amor de Cristo perfectamente presente en su tránsito al Padre. La verdad se muestra pero no condena; al contrario, cede espacio para que pasemos con él al otro lado de la muerte, hacia la vida eterna. Muere para mostrar la verdad sobre el amor de Dios. Ilumina nuestro fracaso para invitarnos a resucitar a una vida nueva, una vida donde existe la gracia y el perdón, y por lo tanto, la plenitud de redención.
El amor no condena pero si muestra la verdad. La verdad es que tenemos que cambiar de corazón. Si no lo hacemos, entonces seguiremos condenando el Hijo del Hombre en su disfraces preferidos: los pobres, los chiquillos no nacidos, los débiles, los forasteros, los que se presentan como desfigurados a nuestros ojos, los que por cualquier razón no nos caen bien. Nuestra indiferencia nos juzgará en el juicio final sin que el Señor tenga que levantar el dedo.

El propósito de Dios y de su verdad es movernos a reconocer que en lo que más importa  de la vida --nuestras relaciones con nuestros cohabitantes en el mundo-- no alcanzamos rectitud, justicia y amor sin una relación sanadora con el Dios que desea amarnos hacia la verdad. Para  eso vino, para ofrecernos la gracia de la resurrección, gracia que viene desde la Cruz, que empieza con el milagro de un cambio de corazón y que termina en la gloria de la vida eterna.

Estos son los días para tomar de la verdad que se entrega en la Cruz y reconocer por medio del  cuerpo sagrado, ahí colgado, qué tan grande es el hueco que hay en nuestro corazón. Estos son los días de gracia para beber del amor que se derrama desde la Cruz y por medio de la sangre, que desde ahí fluye, pedir la gracia de amar como él nos ha amado. De esta manera es como resucitaremos con él para vivir de verdad.

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Only because truth abides does love become lethal. Truth without love does not have to die, but only judge; love without truth likewise does not have to die, but only yield. But where the two are together, the Cross comes to pass."
Joseph Ratzinger
“Dogma and Preaching” p.95

God is Love, and the same God of love manifested himself before our eyes in the person of Jesus Christ our Lord who said: “I am the truth.” The redemptive work of Our Lord was a work of love and truth, and only in him do both of these coincide perfectly.

The Lord showed us the truth with each word, each gesture, and each expression of kindness. His truth extends itself to us, and reveals what we lack. By reflecting on this we feel that we are looking in a mirror and seeing the totality of everything we are not. We are not generous with the lepers, we are not friendly with our enemies, we are not patient with those who are stubborn. We do not leave behind our grudges, we don’t remember to help the poor, we are not ready to forgive. If the Lord would have come only with the purpose of showing us the truth, being in his presence alone would have been sufficient to manifest a judgment upon us.

That is why Jesus Christ, true God and true man, prefers to die rather than to judge and condemn. The love of God yields – which means, it renounces itself completely – before the venomous whims of foolish human creatures, creatures who are nonetheless so prodigally loved by him. Even more, we could say that he dies precisely to avoid judging us at that moment. Love yields, and through this yielding shines all the more marvelously the beauty of the truth.

The Lord shows us the truth even in his condemned state. What is this truth? The truth is that we are accomplices in the lethal contempt that the Son of God suffers. How could this be? I was not with him that day. True, but he presented himself like anyone else, and like many others and each one of them he received the scourging blows of a world cruel in its capacity to send human life to the trash bin. Yes, but when have I ever done that? “What you did [or did not do] for one of these least of mine, you did [or did not do] for me,… Truly I say, he who despises his brother will be taken to a place of punishing fire.” (See Mathew 25:31 and 5:21).
 

Seeing Christ on the cross should give us a sense of burning shame. We have condemned many because of our despising of others, because of our anger and resentment that at times dominate us when we feel justified in our misdirected assumptions. Recognizing in the Crucified the disfigured face of the sister or the brother is a difficult but healthful grace. If we do not see the sorrow of our condition, we can never ask for help to escape from it.

The God of love does not want to condemn us, but rather to liberate us. The truth liberates. “What is the truth?” asked Pilate of the condemned Just One. Soon enough you will see, the Lord could have answered. The truth is that God cannot show us his face of truth without unveiling his heart of love, because in the end, the truth of God and the truth of man is love. Truth judges us, but in Christ it does not condemn us. The Lord, instead of being the one who condemns, because of his love accepts being condemned. In this sense the Lord gives us space and shows us the strength of his tenderness: forgive them Father, for they don’t know what they are doing.

Our shame before the Cross would be our perpetual condition if not for the love of Christ, perfectly present in his passing-over to the Father. The truth shows itself but it does not condemn; on the contrary, it yields a space for us so that we may go over with him to the other side of death, towards eternal life. He dies to show us the truth about God’s love. He sheds light on our failure in order to invite us to rise to a new life; a life where there is grace and forgiveness, and therefore, the fullness of redemption.

Love does not condemn but it does show the truth. The truth is that we need a change of heart. If we do not change, then we will continue condemning the Son of Man in his preferred disguises: the poor, the unborn little ones, the weak, the outsiders, those who present themselves disfigured before our eyes, those who for whatever reason we dislike. Our indifference will judge us at the final judgment without the Lord ever having to lift a finger.

God’s intent and that of his truth is to move us to recognize that in those things most important in life –our relationship with other human beings in the world—we do not attain righteousness, justice and love without a healing relationship with the God who wishes to love us towards the truth. That is why he came, to offer the grace of resurrection, the grace that comes from the Cross and which starts with the miracle of a change of heart and ends with the glory of eternal life.

These are the days for us to receive from the truth that is given on the Cross, and recognize by means of the sacred body hanging there, how large the hole in our heart is. These are the days of grace for us to drink the love that spills forth from the Cross and through the blood which flows from there, ask for the grace to love even as he has loved us. In this way we will rise with Him to live in the truth.

+df